30 julio

Día de Lluvia tras los CrisTales de la VenTana /1ª parTe/




Pedía que lo llevaran arriba cada vez que el aguacero golpeaba los cristales para avisarle de su llegada. El paisaje en los días de lluvia nada tenía que ver con el de los días claros; se volvía más amplio, más profundo, permitiéndole mirar mucho más lejos.

Los ventanales de la buhardilla duplicaban a los de la sala común de los internos, abriéndose a un mar insólito que culminaba en un torrente de luz encendida, al oeste de su mirada.

Una delicada caracola sobre la chimenea apagada, justo en el ángulo contiguo de la estancia, era toda la ornamentación que poseía. Eso y un pequeño barco delante de la cristalera.

Sentado junto al alféizar, con dos remos imaginarios entre sus manos, recorría en silencio las lejanas bahías de amor que debió atisbar para encontrarla. Con voz firme y serena, daba instrucciones precisas a sus fantasmas remeros para navegar sin rumbo equivocado hacia el arrecife de algas azulinas donde ella aún la esperaba.

Así sucedía, una y otra vez, con cada golpe de lluvia.

 /AnA GaLinDo/

Estancia: Voces de la lluvia

 






11 comentarios:

Ana Galindo dijo...

Mi relato está inspirado en tantas historias y canciones sobre locas de amor. Va por ellas y también por ellos.

Marisa dijo...

Me hace recordar la canción
en que una mujer loca de amor va recorriendo todas las tascas del puerto para preguntar
por su amado marinero.

Feliz fin de semana.

Besos

Gerardo Rivas dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Julie Sopetrán dijo...

Ana, es bellísimo este relato, y lo has bordado, me ha gustado muchísimo. Te felicito, amiga. Estaré unos días fuera, pero vuelvo. Besos.

Antorelo dijo...

Lo has bordado, Ana. ¡Precioso!
Un abrazo

Ojosnegros dijo...

Cada día me gusta más leerte, qué preciosidad!
Besos.

Gerardo Rivas dijo...

El amor no tiene cordura, si fuese razonable enamorarse, entonces de qué serviría el sentimiento?..

Gerardo Rivas dijo...

Yo también estoy loco de amor por ti.
Te quiero princesa.

Ivette dijo...

Tu entrada me recuerda a una película que vi el otro día, se llama La novia del mar. Me ha gustado mucho.

Un beso grande

SOFÍA dijo...

La persona que piense q aprendió a escribir cuando tenía 6 años se equivoca, NUNCA SE TERMINA DE APRENDER A ESCRIBIR
FELICIDADES ANA!!!

Anónimo dijo...

Un microrrelato conmovedor que convierte la reclusión de la vejez o el aislamiento en un acto de libertad a través de la imaginación.

La metáfora del viaje marítimo desde el alféizar es de un lirismo bellísimo, donde la lluvia no encierra, sino que expande el horizonte del recuerdo.

Bellísimo. No me cansa volver a leerlo.