El tiempo no curó ninguna herida.
Las curaron las madrugadas en las que luché con mi mente.
Las curaron los silencios que me hicieron escucharlo todo.
Las curaron los abrazos que me di a mí misma
y ese rayo de sol que acarició mis penas.
Las curaron las noches en que no me atreví a rendirme.
Las curaron los poemas que comencé a deshacer,
dando espacio a los paréntesis y a los puntos finales.
Las curaron las letras que no leí
y las palabras de compasión recién inventadas.
Las curaron las caricias que otorgué a mis miedos,
al comprender que no conocía otra forma de amarme.
Las curé yo cuando me pedí perdón por el daño causado,
cuando te pedí perdón por incluirte en mi vida
para vivir una historia donde no cabían más cuentos.
Las curé YO cada vez que, a pesar de todo,
SONREÍ.
El tiempo, solo fue
un cómplice complicado
un compás arrítmico
un amante imaginario
un cáliz amargo
un aria de plegarias
un bucle con quebrados.
Mis momentos de expansión
mis causas elevadas
una visión
un argumento
mi mejor manifiesto.
Mi reconexión.
/AnA GaLinDo/
Estancia: Vísperas del Fuego
[Ilustración: Catrin Welz-Stein y Fotografía de Mark Arbeit,]
Texto e imágenes con @copyrights



2 comentarios:
Llegué a tu blog buscando lecturas sobre procesos personales y no he podido evitar releer este poema tres veces seguidas. La parte de aprender a nombrar las cicatrices sin que tiemble la voz se queda grabada. Enhorabuena, de verdad, es precioso.
Me encanta cómo al principio parece que hablas de una pérdida o de algo triste, pero al final te deja con una fuerza enorme. Ese cambio de "el tiempo lo cura" a "lo curé yo" es un soplo de aire fresco impresionante.»
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