Algunas noches ella deambula sola por la ciudad.
Toma su chal rojo y lo acomoda envolviendo sus brazos,
sobre su vestido negro.
Las luces de los autos
y algunos destellos de los semáforos
iluminan con creciente intensidad
el color de la lana que envuelve sus hombros.
Eso tal vez la convierta en un reflejo atractivo.
Ella camina erguida y sonríe.
Le gusta sentir el influjo de la luna
que derrama su energía sobre su alisada melena,
manteniendo sus pensamientos en calma
y su interior colmado de ideas.
En un momento, un instante único, es de nuevo asaltada.
Algún ojo de sapo,
resquicio de insaciables delirios obscenos,
no aprende a mirar,
y confunde el rojo del chal que envuelve sus hombros
con unos brazos abiertos.
¡Idiota, mi chal no está en venta!
/AnA GaLinDo/

