Reducto de luz
Hoy no llueve.
Sostengo la taza de café
mientras la luz descorre los matices del jardín,
desde este reducto apartado donde el tiempo
suspende su curso para conmemorar los años.
La madrugada me devolvió una provisión de palabras.
He transitado el sueño entre vocablos.
El despertar me ha restituido el pulso de la escritura.
Se enciende la pantalla con frecuencias desbordantes
y la bandeja digital devuelve un caudal de expresiones que me abrazan.
La claridad matutina ofrenda, semejante a un sedimento frágil,
múltiples mensajes de afecto.
Un único contacto venera y redime la piel:
el beso de mi hija que irrumpe antes de la marcha
pronunciando el nombre maternal del tiempo.
«Feliz cumpleaños, madre»
¡Qué sutil patrimonio el de estos dones!
/AnA GaLinDo/
/Diario de Viajes/


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