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23 agosto

RáfaGas de TiemPo


 Ahora no sé quién soy. 

A veces me desnudo y me convierto
en encaje deshilado, 
que desabrocha entre dedos ateridos 
el breve espacio que apuramos 
y lo engarza con silencios aislados.

A veces no sé quién soy
o quién he sido.

Hay instantes en que siento disiparme
mientras otra mujer toma mi espacio
y se pone al acecho,
donde se me hace ajena toda vida
y mi memoria palidece.

Porque en el breve tiempo que apuramos,
 
se abre una línea sutil donde la "otra"
—que soy yo misma— 
cose con alambre los botones de su pecho 
para soñar con arboledas blancas,
ansiosa por robarte, sin saberte, aquel beso. 

Derramar por el campo espesos helechos
 
que dejaron la boca seca, 
y el nudo del cuello 
vuelto amarra de seda que no acaba, 
que se tensa en la piel
y escupe los ponzoñosos recuerdos. 

Ahora no sé quién soy,

si en un instante se evaporan horas,
mientras en la espera aguardo el zarpazo 
para alimentar mi ira,
donde tanto te detesto por hurtarme 
ese rasgo vital de humanidad
que solo roba el ansioso o el hambriento.

Los monstruos también son elocuentes
han vivido muy bien,
gozando de una imagen bendecida.

Ahora, cuando de nuevo me miro
en mi pequeño y hermoso jardín,

a pesar de todo,
a pesar de ti,
a pesar de que a veces no sepa quién soy,

encuentro el refugio en la raíz más blanca,
donde al fin aprendo a enterrar
todos los demonios del destierro.


 /AnA GaLinDo/

Estancia: Vísperas del Fuego


FoTograFía de Kirsty Mitchel


23 abril

ArquitecTura de CicaTrices




El tiempo no curó ninguna herida.

Las curaron las madrugadas en las que luché con mi mente.
Las curaron los silencios que me hicieron escucharlo todo.
Las curaron los abrazos que me di a mí misma
y ese rayo de sol que acarició mis penas.

Las curaron las noches en que no me atreví a rendirme.
Las curaron los poemas que comencé a deshacer,
dando espacio a los paréntesis y a los puntos finales.

Las curaron las letras que no leí
y las palabras de compasión recién inventadas.
Las curaron las caricias que otorgué a mis miedos,
al comprender que no conocía otra forma de amarme.

Las curé yo cuando me pedí perdón por el daño causado,

cuando te pedí perdón por incluirte en mi vida
para vivir una historia donde no cabían más cuentos.

Las curé YO cada vez que, a pesar de todo,

SONREÍ.


El tiempo, solo fue 

un cómplice complicado

un compás arrítmico

un amante imaginario

un cáliz amargo

un aria de plegarias

un bucle con quebrados.

Mis momentos de expansión

mis causas elevadas

una visión

un argumento

mi mejor manifiesto.

Mi reconexión.

/AnA GaLinDo/ 

Estancia: Vísperas del Fuego

[Ilustración: Catrin Welz-Stein y Fotografía de Mark Arbeit,]

Texto e imágenes con @copyrights


10 julio

Como Alas de LibéLula /TiemPo/


La ninfa del agua esperaba impaciente el deseo de la desnuda muchacha que, tras arrojar su enconsertado traje de chaqueta a las aguas verdosas, solicitaba su ayuda a gritos.

-Quiero tiempo- dijo por fin la todavía joven abogada, con los ojos cansados y fijos en aquellas aguas verdosas—. Necesito más tiempo para vivir.

Entonces el vapor de las aguas la envolvió, y cuando la claridad borró las sombras, se observó convertida en una pequeña libélula, una de esas que apenas viven unas cuantas horas, y pensó que debía haber ocurrido un terrible error.

Pero al instante pudo apreciar que tenía unas delicadas alas para volar, casi transparentes y livianas. El cielo le pareció el más amplio y el más azul que pudiera recordar, y sintió que con sus diminutos ojos abarcaba todo el espacio hasta el horizonte. El aroma de las flores envolvía su cuerpo y sintió que la vida rebosaba plena, sin límites en su interior.

Pidió tiempo y comprendió que la ninfa había cumplido fielmente su encargo.

/AnA GalinDo/

IlusTración de SuzyTheButche
Estancia: Vísperas del fuego

28 abril

CuAndo Fui LluVia


HaCe tieMpo, recuerdo, fui lluvia

y caí en forma de aguacero cerca de tus lágrimas,
en una tarde gris de invierno.
Tú me recogiste y sembraste unas flores
en la jardinera que hay junto a mi ventana.

Hace ya, cuando yo fui lluvia fina,
quise aCariciAr la cara de tus espejismos
para refrescar sus mejillas y humedecer, 
sin acierto, la sequedad de tus ojos.
Tú me observabas a través de una ventana
con melancólica nosTalgiA de otros días regados.

SieNdo lluVia, también me derramé sobre el mar,
con una gran fuerza y ruido.
Entonces, creo, se elevaron los acantilados
y crecieron los océAnos,
y llegamos a pensar que aún vivíamos más aislados
en  la dorada arena de la misma PlaYa.

Pero cuando fui lluVia, de eso sí me acuerdo, no paraba de llover,
en  un cuarto vaCío, de un ya solitario lugar.
Yo era gotas y me convertí en láGrimAs.
Tu cara y mis gotas se mezclaron con tu rostro.

Me acuerdo cómo lloraba.
Y ya sin consuelo.

Hace aHora dos TorMentaS

he comenzado a  diseñar puentes,
y a saLir al SoL para secar mis MieDoS.
Me he hecho, para re-construirme,
inGeniera de caminos, diSeñaDora de paisajes
Y aRquitecTa.
Para ir cómo y dónde me dé el gusto.
-Sin lluViaS ni MieDoS-
Y hacer en cada HueCo del camino mi CaSa y HoGar.

Ya ves. Así están las cosas.

Ya no amo a través de otros ojos.
Ya no miro sin ver.

Ya no quieRo ser LluViA
sino para FloReCeR.


/AnA GaLinDo/ 

[Fotografías tomadas de Pinterest]



19 abril

Donde fuiste feliz...

Uwe Steger
Fotografía Uwe Steger

El poeta Félix Grande escribió en ‘No debieras volver jamás a nada’: 


“Donde fuiste feliz alguna vez, no debieras volver jamás:
El tiempo habrá hecho sus destrozos, 
levantando su muro fronterizo
contra el que la ilusión chocará estupefacta.
El tiempo habrá labrado,
paciente, tu fracaso
mientras faltabas, mientras ibas
ingenuamente por el mundo
conservando como recuerdo
lo que era destrucción subterránea, ruina”. ~

Deberíamos volver a los lugares en los que, en un pasado, 
fuimos felices.

El tiempo es poco condescendiente y no cuida con eSmeRo
todas las sensaciones, los olores, los paisajes, desbaratando recuerdos. 

Es más que probable que ahora quisieras plantar flores en aquel MuRo de realidades vacías, 
construidas sobre cimientos aRenoSoS, 
donde un insistente viEnTo 
consiguió exiliar su frágil RaíZ .

Tal vez, el aire la hubiera trasladado, 
dispersando los áTomos que contuvieron PaSióN,
hacia otros lugares en los que todos ellos 
quedaron desColoRidos o diFuminados.

                                                 Es posible.

“Al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”. canta Sabina.

                         Pero debiéramos. Deberías ...

Supongo que tendríamos que (en condicional) aceptar las aDverSidaDes,
con la condición de recordar 
cómo fue de hermoso en algunos efímeros instantes.
y volver a construir ViDa desde el siLenCio y la calma del VaCío 
que ahora es el TodO.

Erigir cimientos pRoPioS sin acAntiLados,
que coloreen de LuZ 
aquellas insípidas formas grises, 
que parecían abrumadoramente persistentes,
de  AiRe viciado.


Ana


Imagen de Pinterest

22 marzo

Ignorancia

 



Hubo un ayer 
en el que siempre vaciabas tu dulzura
en esa copa de vino 
que compartíamos de la mano
olvidados del tiempo y de los acantilados 
que podían devorarnos.

Una felicidad prestada, 
sin pedir mucho a cambio.

Pero a cada gota de lluvia, 
que intentaba no ver, 
dejaste de regalarme tus versos
para anotarlos en otras esquinas
doblegadas  y complejas.

Fue entonces cuando comencé
a comprender mi ignorancia.

Que algún día llegarías a quererme
sin preguntas.
Y algún día llegarías a quererme,
aún,
sin respuestas.

Ese día yo me querría también.
En realidad me quise siempre y,
por eso,
dejé de preguntarme y responderme.




Y aquí estoy observando cómo,
ya, 
había comenzado a intuir
que todas las preguntas y las respuestas
estaban y están en mí.
Y que no importaban, ni importan, demasiado
si hubieras aprendido cómo quererme bien.

Y tal vez me adivinas diferente.
Ni más bella, ni más inteligente,
ni más precavida, ni más osada.
Diferente.
O más yo que nunca.

Y, ahora, yo también 
a pesar de mi ignorancia
quizás te mire diferente.
Ni más guapo, ni más sensato, ni más pensativo,
ni más maduro.
Diferente. O más tú que nunca.




Quizás me volví más etérea. 

Más aire que fuego.
Más hielo que siempre.
Más sed que antes.
Más fuente que agua.
Todo el silencio y la soledad juntas.

Para convertirme en mi mejor compañía.

Y tú puede que andes en tu mundo,
desconocido para mí por mi ignorancia,
sobre cielos teñidos de todas las nostalgias que elegiste.
Cielos opacos que terminan en una galaxia
en la que no quiero existir, ni existiré nunca.



Y supongo que se emborronan las escenas.
Y ya no tengo dudas.
Y ya no me importan las preguntas.
Ni  me importan las respuestas
ni todos mis interrogantes
que, jamás,
querré conceder.

Y fue en este momento de amor incondicional 
que di un  saludo de bienvenida a mi vida,
para poder perdonar de una vez por todas
mi inexcusable ignorancia
y compartir conmigo esa copa de vino,
a ser posible,
ignorando aquellos incisivos acantilados.



 /AnA GaLinDo/ 

[Ilustraciones Anke Merzbach ]


  

07 septiembre

La hoja y el tiempo



Tú eres tiempo y naturaleza

(si es que el tiempo habita,

y si es que la vida brota

de momentos exiguos)


Pero tú existes.


Porque en este espacio

y en este ahora,

y en mi cama

estás latiendo.

Como una permanente plegaria de amor en los labios,

o una gota de rocío en el alero del tejado.

O como una lágrima detenida

para humedecer mi jardín

de ensueños desatados

y amor perfecto


(salvo el tiempo errado en que vio la luz).


 /AnA GaLinDo/

Estancia:  Geometría de la carne





19 junio

La misma de siempre



Y a he aprendido a escribir nombres

en los papeles que quiero conservar durante la eternidad... 

l resto, 
los borró un viento amable que, 
ahora sé, 
se empeñó en ayudarme.

Ana GaLiNdo.

28 noviembre

Tiempo de Paso


Enero cae entre brumas y vagos misterios
sutil sombra en los ojos sin lumbre,
de quien siente la impaciencia de vagos recuerdos,
lejanos jardines, azules momentos.

Febrero desliza una puerta ambarina
humedece paisajes de álamos secos.
Escarcha en mi boca, menuda, monótona
ahuecando con nubes los grises momentos.

¡Cómo se pasea marzo, con la brisa en su boca!
ventoleras de suspiros frescos arrasan sus labios
y despiertan este cuerpo, insomne y sereno,
con verdes tejidos y melancólicos llantos.

En abril fue la lluvia, en la lívida mañana,
golondrina perdida que no supo llegar,
poema de amor hecho gotas de agua,
rosas blancas naciendo en cada rincón


Mayo es un océano de versos alados
instante completo de pesada quietud
renacer lánguido de los pétalos de luna,
perdidos reposos, intensa acritud.

Junio anticipa en el aire los versos,
sin poder ocurrir bajo el sol, 
la poesía. 

Yo devoro mis propios corazones y juego con los ojos del paisaje.


La luz es una llama que abrasa julio,
solo yo gozo, sedienta y serena,
recogida bajo el toldo del bosque umbrío
susurra la floresta, murmura el río.

Agosto llegó con sabor a melocotón
a uvas y  a delicioso néctar de olores
en casas de tejados blancos y rojos
cubriendo de enojo la  distante inquietud.

Septiembre, decaído, no me deja 
encontrar el derrotero que me permita 
llegar a ti de nuevo y hasta los caminos 
se despeñan y hasta los ríos se quedan secos.

Para empedrar un tramo del jardín de los versos

he buscado en el mar de octubre
un conjunto de piedras planas, redondeadas
por la espuma y los golpes del agua.

¿Es este el mes de noviembre?
¿El que se asoma brillante por el horizonte del tiempo?
Me devuelve tu vida y le das calor a mi cuerpo frío. 
A mis labios le quitas el sabor agridulce que dejaron los vientos.

Diciembre parece que llega feliz
Mes de alegrías, de dulces alegorías. 
Mes noches tranquilas, de grandes mentiras. 
Un mes de ojos vidriosos, treinta y un días de gozo. 





Esperanza renovada.
Fin de un ciclo.




/Ana Galindo/


Ilustraciones de Alphonse Mucha






12 febrero

El LapSo del TiemPo


Insólito es el amor,
que encoge y dilata el tiempo de  manera irreal para los enamorados:



Mil años junto a ti no serían suficientes para amarte,
porque, como antaño, suponen un efímero trance.


Pero si no pudiera verte un día,
un lapso de velos cubriría mis ojos, 
  y me vestiría la blanca vejez.

/AnA GaliNdo/

IlusTracioNes de SarachMet