Al despertar, somos lo que recordamos. A veces incluso nos lleva unos instantes de espera.
El color de las sábanas;
la hora de la madrugada,
el ruido de una moto que pasa.
El lugar del agua sobre la mesa.
Una música susurrante.Un color de barra de labios.O alguna que otra silueta sensual.
La memoria tiene curiosos atajos y, en ocasiones, termina siendo una película que vemos como si fuéramos ávidos espectadores. Cinéfilos de historias ajenas.
Imaginamos finales felices;enojos salvables;distancias sutiles;mentiras discretas.
Los recuerdos de lo que fuimos tienen la misma tendencia que la luz, la misma estrategia: intentan siempre ir hacia delante.
O sorprendernos de quienes creímos ser.
/AnA GaLinDo/






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