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24 marzo

Despertar. Inercia


Al despertar, somos lo que recordamos. A veces incluso nos lleva unos instantes de espera.

El color de las  sábanas; 
la hora de la madrugada,
el ruido de una moto que pasa.
El lugar del agua sobre la mesa.

O lo que otros recuerdan de nosotros.

Una música susurrante.
Un color de barra de labios.
O alguna que otra silueta sensual.

La memoria tiene curiosos atajos  y, en ocasiones, termina siendo una película que vemos como si fuéramos ávidos espectadores. Cinéfilos de historias ajenas.

Imaginamos finales felices;
enojos salvables; 
distancias sutiles; 
mentiras discretas.

Los recuerdos de lo que fuimos tienen la misma tendencia que la luz, la misma estrategia: intentan siempre ir hacia delante. 
Matizando colores y difuminando tinieblas.

Porque, muchas veces, mirar hacia atrás es querer saber quiénes, realmente, somos Ahora.

O  sorprendernos de quienes creímos ser.

Y entonces despiertas. Para recordar el aroma del café que te espera impaciente y que absorbes en el porche, mirando extasiada lo que ocurre hacia afuera esbozando, sin esfuerzo,  una casi imperceptible sonrisa.


 /AnA GaLinDo/ 

[Ilustración Patrick Gonzales ]


  

28 abril

CuAndo Fui LluVia


HaCe tieMpo, recuerdo, fui lluvia

y caí en forma de aguacero cerca de tus lágrimas,
en una tarde gris de invierno.
Tú me recogiste y sembraste unas flores
en la jardinera que hay junto a mi ventana.

Hace ya, cuando yo fui lluvia fina,
quise aCariciAr la cara de tus espejismos
para refrescar sus mejillas y humedecer, 
sin acierto, la sequedad de tus ojos.
Tú me observabas a través de una ventana
con melancólica nosTalgiA de otros días regados.

SieNdo lluVia, también me derramé sobre el mar,
con una gran fuerza y ruido.
Entonces, creo, se elevaron los acantilados
y crecieron los océAnos,
y llegamos a pensar que aún vivíamos más aislados
en  la dorada arena de la misma PlaYa.

Pero cuando fui lluVia, de eso sí me acuerdo, no paraba de llover,
en  un cuarto vaCío, de un ya solitario lugar.
Yo era gotas y me convertí en láGrimAs.
Tu cara y mis gotas se mezclaron con tu rostro.

Me acuerdo cómo lloraba.
Y ya sin consuelo.

Hace aHora dos TorMentaS

he comenzado a  diseñar puentes,
y a saLir al SoL para secar mis MieDoS.
Me he hecho, para re-construirme,
inGeniera de caminos, diSeñaDora de paisajes
Y aRquitecTa.
Para ir cómo y dónde me dé el gusto.
-Sin lluViaS ni MieDoS-
Y hacer en cada HueCo del camino mi CaSa y HoGar.

Ya ves. Así están las cosas.

Ya no amo a través de otros ojos.
Ya no miro sin ver.

Ya no quieRo ser LluViA
sino para FloReCeR.


/AnA GaLinDo/ 

[Fotografías tomadas de Pinterest]



19 abril

Donde fuiste feliz...

Uwe Steger
Fotografía Uwe Steger

El poeta Félix Grande escribió en ‘No debieras volver jamás a nada’: 


“Donde fuiste feliz alguna vez, no debieras volver jamás:
El tiempo habrá hecho sus destrozos, 
levantando su muro fronterizo
contra el que la ilusión chocará estupefacta.
El tiempo habrá labrado,
paciente, tu fracaso
mientras faltabas, mientras ibas
ingenuamente por el mundo
conservando como recuerdo
lo que era destrucción subterránea, ruina”. ~

Deberíamos volver a los lugares en los que, en un pasado, 
fuimos felices.

El tiempo es poco condescendiente y no cuida con eSmeRo
todas las sensaciones, los olores, los paisajes, desbaratando recuerdos. 

Es más que probable que ahora quisieras plantar flores en aquel MuRo de realidades vacías, 
construidas sobre cimientos aRenoSoS, 
donde un insistente viEnTo 
consiguió exiliar su frágil RaíZ .

Tal vez, el aire la hubiera trasladado, 
dispersando los áTomos que contuvieron PaSióN,
hacia otros lugares en los que todos ellos 
quedaron desColoRidos o diFuminados.

                                                 Es posible.

“Al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”. canta Sabina.

                         Pero debiéramos. Deberías ...

Supongo que tendríamos que (en condicional) aceptar las aDverSidaDes,
con la condición de recordar 
cómo fue de hermoso en algunos efímeros instantes.
y volver a construir ViDa desde el siLenCio y la calma del VaCío 
que ahora es el TodO.

Erigir cimientos pRoPioS sin acAntiLados,
que coloreen de LuZ 
aquellas insípidas formas grises, 
que parecían abrumadoramente persistentes,
de  AiRe viciado.


Ana


Imagen de Pinterest

16 octubre

El VesTido NeGro




Su cabeza comenzó a dar vueltas frente al ordenador. Sus pies apenas encontraban apoyo en el suelo granate que lo sostenía. Fue cuestión de un minuto, o tal vez diez, o quizás llevaba allí sentado dos días enteros sin poder recordarlo muy bien.

Las palabras que bailaban en la pantalla, páginas atestadas de amor y deseo, las había escrito ella para otro hombre. Él le respondía con versos torpes, como ecos vacíos extraídos de cualquier libro de ocasión o de un foro en la red donde habitan las fantasías ajenas.

Pudo imaginarla con su vestido de satén negro, ascendiendo por la penumbra de una escalera en busca de la habitación. Pudo oler la esencia de su sexo impregnada en su lencería y reconoció los gemidos que brotarían de su voz cuando el otro la abrazara. Él mismo había disfrutado de ese cuerpo sedoso y curvilíneo, de esas piernas que se enredaban en su cintura para empujarse contra su vientre.

Echó la cabeza hacia atrás intentando tragar el aire varado en su garganta. 

Poemas de amor. Preguntas huecas: «¿Te ha gustado?», «¿Cuándo nos veremos de nuevo?», «¿Me amas?». Él nunca se lo había dicho porque siempre asumió que ella ya lo sabía. ¿Quién ese expectro de realidad paralela que había dormido durante tantos años en su cama?

Se levantó con gesto ingrávido y caminó despacio, balanceando su cuerpo pesado. Llegó a la cocina sin pensar, abrió el cajón y tomó las tijeras más pequeñas y afiladas, y se dirigió al dormitorio.

En el mayor acto de pasión y dolor de su vida, abrió el armario. Dejó caer la ira que abrasaba sus pupilas sobre el vestido negro que tantas veces había deseado con lujuriosa pasión. Rasgó el delicado satén una y otra vez, hasta convertirlo en harapos. 

Ahora que ella no estaba, no tendría piedad. 

 

 /AnA GaLinDo/

Estancia: Palabras y Desiertos