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23 septiembre

El No Tiempo.




Cuando cumplir años se convierte en el refugio exacto de la serenidad, contemplo este mapa y descubro que casi nada discurrió según los trazos que yo había imaginado de hace dos décadas.

"Por donde dije que jamás caminaría, acabé dejando mi huella.

Las peldaños que prometí no rozar los fui subiendo de dos en dos, con la prisa de quien busca el aire.

Acogí verdades y nostalgias que solo dejaron en mi caudal tres tristes poemas y el espejismo breve de un hogar.
Ciertos afectos se disolvieron en la niebla del camino, mientras que almas luminosas, con las que antes jamás habría compartido ni el calor de un café, hoy tejen conmigo la estancia.

Viajé sin mapas de ruta, sostenida únicamente por la geometría intacta del Ser.

He peleado hasta la extenuación por causas perdidas en las que ahora no invertiría ni un minuto de mi tiempo, y he encontrado el sentido de mi vida en momentos que antes habrían pasado inadvertidos.

En este nuevo ciclo me despojo del antiguo libreto; la escena ya no se ajusta ni al pliegue liviano de este chal.

Cuando una mujer decide disolver el sufrimiento, la mentira y la memoria prestada; 
cuando dice desde el centro de su templo: «Basta, hasta aquí la travesía», no hay vientos de ego ni trampas de la ilusión que detengan el retorno a su propia verdad.

Ahí se abren las ventanas del Alma.

Comienza la alquimia del aliento. El sendero que la devuelve al origen, a recordar quién es. Nadie prometió un mapa llano, pero es la vía sagrada.

Esa certeza conecta directo con su naturaleza salvaje: ahí radica el verdadero milagro.

Hoy sostengo un descanso, un espacio en el día sin tiempo dentro de este cuaderno de bitácora que albergó tanto claroscuro.

Ya no brotan en mí versos de desvelos o desamores: han cumplido su ciclo.

Mi único interés se rige por el compás del corazón: inhalo la belleza del presente y exhalo el aliento alquimizado que tengo el poder de entregar.

Soy la hacedora de mis días, mi propia alquimista. Aprendí a ser maga.

Gracias por la luz en el camino. Toda sombra y toda aurora fueron maestras.

                                         /AnA GaLinDo/ 

[Fotografía personal]



 ~Estancia: Umbrales y Ventanas~

28 abril

CuAndo Fui LluVia


HaCe tieMpo, recuerdo, fui lluvia

y caí en forma de aguacero cerca de tus lágrimas,
en una tarde gris de invierno.
Tú me recogiste y sembraste unas flores
en la jardinera que hay junto a mi ventana.

Hace ya, cuando yo fui lluvia fina,
quise aCariciAr la cara de tus espejismos
para refrescar sus mejillas y humedecer, 
sin acierto, la sequedad de tus ojos.
Tú me observabas a través de una ventana
con melancólica nosTalgiA de otros días regados.

SieNdo lluVia, también me derramé sobre el mar,
con una gran fuerza y ruido.
Entonces, creo, se elevaron los acantilados
y crecieron los océAnos,
y llegamos a pensar que aún vivíamos más aislados
en  la dorada arena de la misma PlaYa.

Pero cuando fui lluVia, de eso sí me acuerdo, no paraba de llover,
en  un cuarto vaCío, de un ya solitario lugar.
Yo era gotas y me convertí en láGrimAs.
Tu cara y mis gotas se mezclaron con tu rostro.

Me acuerdo cómo lloraba.
Y ya sin consuelo.

Hace aHora dos TorMentaS

he comenzado a  diseñar puentes,
y a saLir al SoL para secar mis MieDoS.
Me he hecho, para re-construirme,
inGeniera de caminos, diSeñaDora de paisajes
Y aRquitecTa.
Para ir cómo y dónde me dé el gusto.
-Sin lluViaS ni MieDoS-
Y hacer en cada HueCo del camino mi CaSa y HoGar.

Ya ves. Así están las cosas.

Ya no amo a través de otros ojos.
Ya no miro sin ver.

Ya no quieRo ser LluViA
sino para FloReCeR.


/AnA GaLinDo/ 

[Fotografías tomadas de Pinterest]



22 marzo

Ignorancia

 



Hubo un ayer 
en el que siempre vaciabas tu dulzura
en esa copa de vino 
que compartíamos de la mano
olvidados del tiempo y de los acantilados 
que podían devorarnos.

Una felicidad prestada, 
sin pedir mucho a cambio.

Pero a cada gota de lluvia, 
que intentaba no ver, 
dejaste de regalarme tus versos
para anotarlos en otras esquinas
doblegadas  y complejas.

Fue entonces cuando comencé
a comprender mi ignorancia.

Que algún día llegarías a quererme
sin preguntas.
Y algún día llegarías a quererme,
aún,
sin respuestas.

Ese día yo me querría también.
En realidad me quise siempre y,
por eso,
dejé de preguntarme y responderme.




Y aquí estoy observando cómo,
ya, 
había comenzado a intuir
que todas las preguntas y las respuestas
estaban y están en mí.
Y que no importaban, ni importan, demasiado
si hubieras aprendido cómo quererme bien.

Y tal vez me adivinas diferente.
Ni más bella, ni más inteligente,
ni más precavida, ni más osada.
Diferente.
O más yo que nunca.

Y, ahora, yo también 
a pesar de mi ignorancia
quizás te mire diferente.
Ni más guapo, ni más sensato, ni más pensativo,
ni más maduro.
Diferente. O más tú que nunca.




Quizás me volví más etérea. 

Más aire que fuego.
Más hielo que siempre.
Más sed que antes.
Más fuente que agua.
Todo el silencio y la soledad juntas.

Para convertirme en mi mejor compañía.

Y tú puede que andes en tu mundo,
desconocido para mí por mi ignorancia,
sobre cielos teñidos de todas las nostalgias que elegiste.
Cielos opacos que terminan en una galaxia
en la que no quiero existir, ni existiré nunca.



Y supongo que se emborronan las escenas.
Y ya no tengo dudas.
Y ya no me importan las preguntas.
Ni  me importan las respuestas
ni todos mis interrogantes
que, jamás,
querré conceder.

Y fue en este momento de amor incondicional 
que di un  saludo de bienvenida a mi vida,
para poder perdonar de una vez por todas
mi inexcusable ignorancia
y compartir conmigo esa copa de vino,
a ser posible,
ignorando aquellos incisivos acantilados.



 /AnA GaLinDo/ 

[Ilustraciones Anke Merzbach ]


  

22 enero

JaNa/ Una HistoRia BreVe de Amor ReaL


--Tomás no había regresado en toda la noche. Cuando, ya de madrugada, oyó sus pasos por el corredor y aquel hilito de tos ahogada que le dejaban las largas horas en su sórdido club, Jana se cubrió la cabeza con las sábanas, encogió el cuerpo en un semicírculo y trató de protegerse del sonido lacerante que solía tomar la voz de su esposo cuando, al llegar, articulaba alguna palabra hiriente.

Empujó la puerta de la alcoba para que supiera que había regresado, cerrándola de golpe tras de sí para irse a dormir a la otra habitación. Así aprendería. Esa noche la deseaba más que nunca, pero de este modo afianzaba su dominio en la relación. Tarde o temprano, ella se acercaría a pedirle que yacieran juntos. Conocía bien el poder que ejercía sobre las mujeres: hasta la ingenua e insulsa Elena había sucumbido a su constante juego de seducción, olvidando la aversión que sentía hacia aquel hombre impasible que ignoraba los sentimientos de cualquiera que cayera bajo su cetro.

--Caasi al amanecer, vestida con un traje gris y camisa blanca, Jana abrió con firmeza el zaíno aposento. Llevaba un bolso de ante azul que sujetaba con energía, como si el peso de su contenido le infundiera más fuerza a la postura y a las palabras que estaba a punto de pronunciar:
Ya no te quiero —dijo.   

Él, desconcertado, la miró buscando alguna huella de gesto fingido en sus labios, pero la belleza serena de Jana tan solo transmitía una entereza que lo convirtió en estatua de sal. Deseó saltar y besarla; arrastrarse a sus pies implorando piedad. Adoraba navegar por sus muslos y el aroma a sudor que desprendían sus sensuales huecos cuando el cuerpo sedoso ardía. 

Era cierto. Había sucedido. Distinguía en sus ojos vítreos que no había vuelta atrás; sus propias vísceras le gritaban que, si ella cruzaba el umbral, sería para siempre.

--Quiso rescatar del baúl de los recuerdos los momentos mágicos que habían compartido y tragarse la vanidad, pensando que quizás aún no era tarde para los dos. 

Creyó, por un segundo, que podría balbucear una palabra que disolviera su rudeza y rescatara la candidez con la que un día la enamoró. Pero su garganta estaba tan seca, como su emotividad. 

De pronto se vio sumergido en el vértigo de la realidad, incapaz de detener la espiral de desamor que amenazaba con engullirlo en un torbellino de emociones ingobernables. La amaba y la deseaba hasta el abismo. Más que nunca. Más que siempre.

--Lo siento, ya no te quiero —repitió ella antes de darse la vuelta y dejarlo allí, a solas, hundido en su absurda cobardía y sin saber cómo reaccionar.


/AnA GalinDo/

IlusTración de Liu Ye 

Estancia: Instantes Contados