Mostrando entradas con la etiqueta mentiras. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mentiras. Mostrar todas las entradas

24 marzo

Despertar. Inercia


Al despertar, somos lo que recordamos. A veces incluso nos lleva unos instantes de espera.

El color de las  sábanas; 
la hora de la madrugada,
el ruido de una moto que pasa.
El lugar del agua sobre la mesa.

O lo que otros recuerdan de nosotros.

Una música susurrante.
Un color de barra de labios.
O alguna que otra silueta sensual.

La memoria tiene curiosos atajos  y, en ocasiones, termina siendo una película que vemos como si fuéramos ávidos espectadores. Cinéfilos de historias ajenas.

Imaginamos finales felices;
enojos salvables; 
distancias sutiles; 
mentiras discretas.

Los recuerdos de lo que fuimos tienen la misma tendencia que la luz, la misma estrategia: intentan siempre ir hacia delante. 
Matizando colores y difuminando tinieblas.

Porque, muchas veces, mirar hacia atrás es querer saber quiénes, realmente, somos Ahora.

O  sorprendernos de quienes creímos ser.

Y entonces despiertas. Para recordar el aroma del café que te espera impaciente y que absorbes en el porche, mirando extasiada lo que ocurre hacia afuera esbozando, sin esfuerzo,  una casi imperceptible sonrisa.


 /AnA GaLinDo/ 

[Ilustración Patrick Gonzales ]


  

19 abril

Donde fuiste feliz...

Uwe Steger
Fotografía Uwe Steger

El poeta Félix Grande escribió en ‘No debieras volver jamás a nada’: 


“Donde fuiste feliz alguna vez, no debieras volver jamás:
El tiempo habrá hecho sus destrozos, 
levantando su muro fronterizo
contra el que la ilusión chocará estupefacta.
El tiempo habrá labrado,
paciente, tu fracaso
mientras faltabas, mientras ibas
ingenuamente por el mundo
conservando como recuerdo
lo que era destrucción subterránea, ruina”. ~

Deberíamos volver a los lugares en los que, en un pasado, 
fuimos felices.

El tiempo es poco condescendiente y no cuida con eSmeRo
todas las sensaciones, los olores, los paisajes, desbaratando recuerdos. 

Es más que probable que ahora quisieras plantar flores en aquel MuRo de realidades vacías, 
construidas sobre cimientos aRenoSoS, 
donde un insistente viEnTo 
consiguió exiliar su frágil RaíZ .

Tal vez, el aire la hubiera trasladado, 
dispersando los áTomos que contuvieron PaSióN,
hacia otros lugares en los que todos ellos 
quedaron desColoRidos o diFuminados.

                                                 Es posible.

“Al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”. canta Sabina.

                         Pero debiéramos. Deberías ...

Supongo que tendríamos que (en condicional) aceptar las aDverSidaDes,
con la condición de recordar 
cómo fue de hermoso en algunos efímeros instantes.
y volver a construir ViDa desde el siLenCio y la calma del VaCío 
que ahora es el TodO.

Erigir cimientos pRoPioS sin acAntiLados,
que coloreen de LuZ 
aquellas insípidas formas grises, 
que parecían abrumadoramente persistentes,
de  AiRe viciado.


Ana


Imagen de Pinterest

22 marzo

Ignorancia

 



Hubo un ayer 
en el que siempre vaciabas tu dulzura
en esa copa de vino 
que compartíamos de la mano
olvidados del tiempo y de los acantilados 
que podían devorarnos.

Una felicidad prestada, 
sin pedir mucho a cambio.

Pero a cada gota de lluvia, 
que intentaba no ver, 
dejaste de regalarme tus versos
para anotarlos en otras esquinas
doblegadas  y complejas.

Fue entonces cuando comencé
a comprender mi ignorancia.

Que algún día llegarías a quererme
sin preguntas.
Y algún día llegarías a quererme,
aún,
sin respuestas.

Ese día yo me querría también.
En realidad me quise siempre y,
por eso,
dejé de preguntarme y responderme.




Y aquí estoy observando cómo,
ya, 
había comenzado a intuir
que todas las preguntas y las respuestas
estaban y están en mí.
Y que no importaban, ni importan, demasiado
si hubieras aprendido cómo quererme bien.

Y tal vez me adivinas diferente.
Ni más bella, ni más inteligente,
ni más precavida, ni más osada.
Diferente.
O más yo que nunca.

Y, ahora, yo también 
a pesar de mi ignorancia
quizás te mire diferente.
Ni más guapo, ni más sensato, ni más pensativo,
ni más maduro.
Diferente. O más tú que nunca.




Quizás me volví más etérea. 

Más aire que fuego.
Más hielo que siempre.
Más sed que antes.
Más fuente que agua.
Todo el silencio y la soledad juntas.

Para convertirme en mi mejor compañía.

Y tú puede que andes en tu mundo,
desconocido para mí por mi ignorancia,
sobre cielos teñidos de todas las nostalgias que elegiste.
Cielos opacos que terminan en una galaxia
en la que no quiero existir, ni existiré nunca.



Y supongo que se emborronan las escenas.
Y ya no tengo dudas.
Y ya no me importan las preguntas.
Ni  me importan las respuestas
ni todos mis interrogantes
que, jamás,
querré conceder.

Y fue en este momento de amor incondicional 
que di un  saludo de bienvenida a mi vida,
para poder perdonar de una vez por todas
mi inexcusable ignorancia
y compartir conmigo esa copa de vino,
a ser posible,
ignorando aquellos incisivos acantilados.



 /AnA GaLinDo/ 

[Ilustraciones Anke Merzbach ]