04 noviembre

No quiero Ser de Tiempo




Sobre el péndulo, inclinar mi rostro.
Olvidar si es de día
o si la noche corre extraviada,
paralela a una lágrima furiosa.

Contarte de unos crisantemos, aún frescos,
que guardaron el luto de la tarde.
No quiero ser de tiempo,
ni bailar con el humo que exhala la tierra.

Perder las horas con tu espalda
y formar días de barro y tormenta
que arrastren al río mi nombre.

Nombrar la hierba, el sol, la escarcha virgen
donde germina cada mañana,
como un suspiro suspendido,
el rocío del huerto,

... una y otra vez. 

Y otra vez.


Y armar relojes de sol
en la tibia penumbra 
donde baila la espera,
bajo el plomizo compás
de esta tarde de lluvia.

 /AnA GaLinDo/


Estancia:  Arquitecturas del tiempo


Fotografía Kristy Mitchell


7 comentarios:

Julita Fernández dijo...

¡Cómo envidio tus cualidades de poetisa!
Es precioso el poema y profundos los sentimientos.
Abrazos

Bee Borjas dijo...

Una verdadera delicia, Ana!!!
Esa cualidad tuya de transmitir las emociones de modo tan bello!
Felicitaciones, mi amiga!
Te dejo mi eterno cariño!

TORO SALVAJE dijo...

Armar relojes de sol...
Que tarea tan bonita.
Y si se hace al compás de la lluvia de la tarde debe ser el no va más.

Besos.

Sara O. Durán dijo...

Se entrevé nostalgia, pero dicho así es exquisita, mi amiga.
Un abrazo fuerte de anís.

Publize dijo...

Buenas,

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Saludos

Ana Galindo dijo...

Es poema supone un acto de rebeldía contra la dictadura del reloj.

Desacralizar el tiempo medido por los péndulos para levantar, con las propias manos, una temporalidad hecha de barro, escarcha y memoria compartida.

En esa penumbra, la lluvia de la tarde no es una pérdida, sino el ritmo exacto en el que la espera se vuelve creación.

Gracias por vuestros cometarios

Anónimo dijo...

Análisis Literario:
Este poema es una muestra altísima del pulso de La casa de la lluvia.
El texto construye una atmósfera de suspensión temporal: la voz poética se niega a ser devorada por el tiempo convencional («No quiero ser de tiempo») y propone, en su lugar, una reconstrucción artesanal de las horas hecha de materia viva («formar días de barro y tormenta», «armar relojes de sol»).

Nos seguimos leyendo.