El silencio quiso alojarse en su boca,
habitarla, velándola como a un muerto.
Para poder expresar su extrañeza,
tomó del álamo
el fresco sonido de sus ramas;
de las horas,
el trazo que dejaba el viento;
y del agua,
la melodía privada
que arrastra los latidos del tiempo.
Quiso recordar su nombre,
las vetas que habían rodeado su rostro,
el mapa mudo de su cara,
su personal orografía.
Prefería mirar las insípidas luces
fenecer en la frontera del sueño,
mientras del aire tomaba la soltura
y del frío la dureza del hielo.
Cuando quiso hablar,
miró el reloj y era ya tarde:
dejó dormido el silencio
para otra alborada,
para un nuevo destierro.

7 comentarios:
¡Qué pena que no escribas más poesía porque las bordas!
¡Preciosa!
Besos.
Gracias André. ¡Hay tantas cosas por hacer!... pero voy a escribir más, ya lo verás.
Tus palabras me llenan de estímulo.
Saludos afectuosos
tienes el arte de tejer tus versos en la mente de quien los lee y hacernos sentir lo describes.
wow, excelente
saludos
Carlos
Aunque el silencio, calle.
No dejes para otro día la delicada manera de regalarnos tan bellos versos.
Un beso Ana :)
A los versos hay que atraparlos.
Si no es así se van para siempre.
Besos.
Qué bella poesía, Ana, no hay mucho más para decir.
Un beso.
HD
Análisis Literario:
Este poema posee una atmósfera introspectiva, sobria y de una gran fuerza evocadora.
Trabaja de forma impecable el tema del mutismo, la memoria corporal y la urgencia tardía de la palabra.
Saludos
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