Todos los charcos que mojaron, inconscientes,
nuestros pies cansados
han creado balsas para que podamos acercarnos
a ese espejo grisáceo que palideció
el reflejo de los recuerdos.
Me asomo, a ratos, en la compañía del silencio,
y veo tu sonrisa detrás,
y tu mano sobre mi hombro,
coloreando un puñado de gotas,
que como un árbol de jazmines
resistieron el peso de la lluvia.
Uno por uno, sin chistar,
despejan retazos de sombras,
para que no se inunden como antes.
Y el miedo a ahogarse
en la húmeda arena de este asfalto
despiadado, deje ya de tener
razón de ser.
Nunca más un arroyo volverá a llevarse
la cesta de tus poemas, ni los míos,
y crecerán muchas flores cerca de mi ventana,
para que podamos llenar de aromas
los colores invictos que ganaron
a la oscuridad de la noche.
/AnA GaLinDo/
Estancia: Voces de la Lluvia

Ilustración: Kat Moser


4 comentarios:
Cuánto tiempo Ana!!!
Y qué gran poema para volver a leerte...
Besos.
delicioso poema Ana
me alegro volver a leerte
abrazo
te dejo mi blog actual
http://dondeperderse1.blogspot.cl
pd... por ahora está cerrado para comentar, pero en Enero vuelve todo normal
( es por cosa de tiempo)
Llego a ti gracias a Elisa Alcántar! Qué bonito poema y qué promesa más bonita aún: ¡Nunca más un arroyo volverá a llevarse la cesta de tus poemas! Abrazos!
Me fascina cómo transformas el dolor de los charcos en balsas para mirar el pasado sin miedo. La metáfora del árbol de jazmines resistiendo la lluvia es preciosa
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