23 abril

Arquitectura de Cicatrices




El tiempo no curó ninguna herida.

Las curaron las madrugadas en las que luché con mi mente.
Las curaron los silencios que me hicieron escucharlo todo.
Las curaron los abrazos que me di a mí misma
y ese rayo de sol que acarició mis penas.


Las curaron las noches en que no me atreví a rendirme.
Las curaron los poemas que comencé a deshacer,
dando espacio a los paréntesis y a los puntos finales.

Las curaron las letras que no leí
y las palabras de compasión recién inventadas.
Las curaron las caricias que otorgué a mis miedos,
al comprender que no conocía otra forma de amarme.

Las curé yo cuando me pedí perdón por el daño causado,

cuando te pedí perdón por incluirte en mi vida
para vivir una historia donde no cabían más ficciones.

Las curé yo cada vez que, a pesar de todo,

sonreí.

Arquitectura de cicatrices

El tiempo solo fue

un cómplice complicado,

un compás arrítmico,

un amante imaginario,

un cáliz amargo,

un aria de plegarias,

un bucle con quebrados.

Mis momentos de expansión,

mis causas elevadas,

una visión,

un argumento,

mi mejor manifiesto:

mi reconexión.

/AnA GaLinDo/ 


[Ilustración: Catrin Welz-Stein y Fotografía de Mark Arbeit,]

Texto e imágenes con @copyrights


2 comentarios:

Lucía B. dijo...

Llegué a tu blog buscando lecturas sobre procesos personales y no he podido evitar releer este poema tres veces seguidas. La parte de aprender a nombrar las cicatrices sin que tiemble la voz se queda grabada. Enhorabuena, de verdad, es precioso.

Julio F. Primeras Páginas dijo...

Me encanta cómo al principio parece que hablas de una pérdida o de algo triste, pero al final te deja con una fuerza enorme. Ese cambio de "el tiempo lo cura" a "lo curé yo" es un soplo de aire fresco impresionante.»