Gota ligera que nada aprisona
y a nadie perteneció,
hija de vientos, delirios
y sueños, soy...
¿Acaso no me has recordado ya
rozando tus sueños?
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Hoy, en la comida con la familia, alguien recordó cómo mi padre cada año regalaba a mi madre un ramillete de nardos (los primeros nardos) para que lo prendiera en la solapa de su abrigo.
Hay memorias que son el verdadero patrimonio de una casa.
Devolver a la piel ese perfume ha sido el regalo más hermoso.
Que en estas Navidades asome en vuestro hogar
un buen recuerdo que abraza y consuela,
que alivie los corazones a veces afligidos, y a veces olvidados.
¡FELIZ NAVIDAD!
/AnA GaLinDo/
Estancia: Arquitectura del Tiempo

Ilustración: Sulamith Wulfing
