01 julio

Adela y la estructura del autoengaño

Adela se valoraba a sí misma como una psicóloga estructuralista de sólidos principios. Se afanaba por desentrañar la influencia de las imágenes, las emociones y las sensaciones en la conducta humana, y se sentía muy segura analizando los desaciertos ajenos. 

Habiendo sufrido malos tratos en su matrimonio, fue abandonada por una sucesión de amantes esporádicos de los que se enamoraba perdidamente. Continuamente se autoanalizaba y concluía que los demás estaban desequilibrados, siendo su obligación ayudarlos.

Vivía rodeada de gatos y trabajaba en la cantina de un antiguo amor, del que se enamoraba y desenamoraba cíclicamente. Entonces realizaba una introspección entrenada y se justificaba por encontrarse —decía— en el contexto de una situación experimental. 

Escribía poemas en secreto para él y lo acompañaba en el baile cuando los clientes ya se iban retirando. 

Adela soñaba con una vida en común donde los debates sobre la conciencia y el estructuralismo formaran parte de un sofisticado juego seductor, en el que su escaso atractivo físico quedara solapado por su «elevada» inteligencia. 

Organizaba charlas con sus examantes y los amigos tarambanas de estos, quienes se prestaban a beber gratis y a bailar con las chicas más volubles de la cantina.

Entonces ocurrió la hecatombe: él le presentó a su novia, una inculta niña de cándida mirada, llena de traumas infantiles, que al mirarla a los ojos, suspirando desganada, resopló:

—¡Señora, qué desgraciada debe ser usted!

 /AnA GaLinDo/

Estancia: Instantes Contados


Ilustración: Viona Ielegems


14 comentarios:

Pluma Roja dijo...

Sin ser psicóloga, sacó una buena deducción. Jajjj.

Saludos Ana, muy bueno.

Hasta pronto.

Bee Borjas dijo...

Ouch! Le dio terrible bofetada!
Fenomenal, Ana! Me gusta mucho tu forma de narrar. Ese gustillo a ironía aguda es genial!
Beso enorme, bella amiga!

TORO SALVAJE dijo...

La niña inculta sabía latín.
Que bueno!!!

Besos.

Gerardo dijo...

Abundan mucho este tipo de psicólogos/as baratos, también circulan por ahí otro tipo de especímenes que andan todo llorosos, compungidos, soñando obsesivamente con amores imposibles, sin percatarse de su propio patetismo.
A estos últimos les diré aún corrigiendo al maestro Calderón que "la vida no es sueño, y los sueños, sueños son".
Te quiero amor mío.

Unknown dijo...

las modas de la ciencia psicoanalítica y las niñas de cándida mirada fundan nuevos paradigmas. Lástima que no se pueda hacer retrospección sino cada cien años, que es más o menos el tiempo en que se puede romper una estructura. Bello relato. Besos

Julie Sopetrán dijo...

Jajajajaja, qué buen relato, Ana.
Inteligente, bien escrito, sugerente. Me ha fascinado.
Besos y feliz fin de semana.

Tatiana Aguilera dijo...

Creo que el componente sexual, es el gran talón de Aquiles de los llamados super cerebros. ¿Ley de las compensaciones?, quizás...Buen relato Ana.
Un besito.

Sandra Figueroa dijo...

Ana, una niña inteligente. Buen relato. Besos, cuidate.

Antorelo dijo...

Ana, ¡qué remate tan genial has dado al relato! A veces, vemos en los demás lo que no somos capaces de ver en nosotros. Excelente relato.
Un abrazo

Chaly Vera dijo...

Los niños y los borrachos siempre dicen la verdad.


Besos

Anónimo dijo...

qué horror tener semejante conciencia sobre uno mismo y los sentimientos!!! yo sé que aveces en bueno darse cuenta de ciertas cosas o defectos para mejorar como persona... pero su auto análisis en verdad era enfermizo, pobre mujer... y que excelente historia y manejo del lenguaje, me gusta.

Ivette dijo...

Un relato muy inteligente. si! Ciertamente vemos en los demás los defectos que nosotros mismo tenemos o incluso vemos en los demás lo que nosotros queríamos ser!

Un abrazo enorme

Camy dijo...

Cuando se está enamorada de nada sirven las reflexiones, ni la belleza interna,siempre existe la jovencita que sus atributos saltan a la vista y con su sencillez de palabra, desmonta toda la reflexión de las Adelas de turno.
Un beso

Jorge de la Fuente (Cuadernos de Estética y Letras): dijo...

Un magistral micro-retrato sobre el intelectualismo como mecanismo de defensa.

Construyes con precisión narrativa el refugio de Adela para luego derribarlo con una sencillez demoledora.

El desenlace no solo cierra el relato, sino que confronta al lector con sus propias máscaras.

Magistral retrato del autoengaño