
No hay nada como captar en la retina un halo de luz,
y convertirlo para siempre en destello en los ojos.
Tampoco podría comparar nada más hermoso
como acariciar aquellos escenarios
que he recreado en mi imaginación...
tantas veces...
desde tantos libros...
desde tantas imágenes presentadas
ante mi vívida e inquieta mente.
Aún menos sabría describir
cómo oler lo que ya olí,
rozar lo que ya toqué,
dormir en el mismo suelo
donde ya soñé sin yacer en ese lecho.
Así me siento.
(Aunque hay una cosa más complicada aún de confesar...
y esta sería si tuviera que definir cada instante,
cada suspiro, cada aroma y cada caricia
que se despierta con un abrazo).
Ya estoy en casa.
/AnA GaLinDo/
Estancia: Voces de la Lluvia

5 comentarios:
Creo que lo has sabido definir, es esa sensación de quietud, de paz, de tranquilidad infinita, de sentir que es nuestra morada, nuestro hogar de carnes y huesos.
Un beso.
Uffff.. qué bellas palabras !!!
Involucras a todos los sentidos, en ésta tu experiencia.
Felicidades por ello!
Saludos Ana.
¡Qué bellas imágenes has formado con tus palabras y sentimientos!
Bienvenida a la casa de la playa, ahora solo haces falta en el hogar en donde habitan los grillos cantores.
¡Felicidades!
Bienvenida mi dulce Ana, cargada llegas de hermosas palabras, empecé dejándote unos cuantos comentarios en Azul Mar, aunque me queda mucho que leer por allá, pero quiero leer hoy un ratito de tí.
Gracias nuevamente por tus comentarios dejados en mi ausencia, me fortalecen muchas veces vuestras palabras cuando la calma se encuentra agitada.
Besos de esos llenos de mimos.
Un texto de una sensibilidad sensorial exquisita. Funciona como un diario de viaje interior y físico, donde el regreso a casa no es solo un desplazamiento geográfico, sino el reencuentro con la memoria del cuerpo, el asombro visual y la inmensidad inefable del afecto
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