12 diciembre

El PacTo. La fLor de la PasioNaria.


I

No sabían nada el uno del otro. Era su acuerdo y se lo habían prometido. Cuando los jueves, al caer la tarde, caminaban por el parque, se buscaban, furtivos, bajo el techado espeso de las pasionarias. Este perfecto cobijo verdoso sembraba sus actos con zarcillos azules que trepaban tejiendo mallas tupidas. Allí, entre el aroma de las flores de la pasión, dejaban asomar sus arrebatos y delirios.

Luego, cada cual volvía a su común existencia: él a sus escritos, ella a su marido.


II

Llovía y tuvo que abrir el paraguas. Miró hacia arriba y fijó los ojos en la misma ventana del gastado edificio que tanto la intrigaba cada vez que visitaba la apartada librería.

De nuevo lo vio.

Adivinó la silueta de aquel hombre tras los cristales, mirándola mientras abandonaba el portal, hasta que ella doblaba la esquina y se perdía de vista.


III

Desde la ventana del despacho pudo verla llegar, caminando despacio, y esperó a que cruzara la calle por el paso de enfrente. Su respiración empañaba los cristales mojados a los que permanecía pegado.

Sonrió levemente al ver sus esfuerzos por cobijarse bajo aquel traidor paraguas, vencido de pronto por la fuerza del viento.

No supo si en algún momento ella alzó la mirada.

Era una mañana cualquiera de un día de enero.


IV

Sus miradas, sin nexo, siguieron cruzándose sin osar traspasar la barrera del silencio.

Alguna vez intentó esperarla a la salida para contarle que ahora cultivaba pasionarias en su seto. Desde que ella faltó a sus citas secretas, él absorbía el perfume de las flores azules que empañaban su memoria después de tantos años.

Pero se limitaba a verla desaparecer en la penumbra, sin mirar atrás.

Fueron los términos de su acuerdo.  
 
V

Encontró un libro de poemas nuevo; otro con su imagen en la portada y cascadas de versos de recordada pasión. Empezó a guardarlos, uno tras otro, con excesiva avidez. 

Cuando pasaba las hojas de cada poemario, ella creía  percibir nítidamente el aroma azulado de las enredaderas del parque de los jueves del año.
 
Esta obsesión se repetía cada vez que sus piernas castigadas le concedían la tregua de caminar durante al menos una hora..

Encontró un libro de poemas nuevo; otro con la imagen de él en la portada y cascadas de versos de recordada pasión. Empezó a guardarlos, uno tras otro, con avidez.

Al pasar las hojas de cada poemario, creía percibir nítidamente el aroma azulado de las enredaderas en aquellos jueves de entonces.

La obsesión se repetía cada vez que lograba poder caminar durante al menos una hora.  
 
VI

A menudo, ella le escribía cartas. Describía detalladamente los abrazos que regalaba al aire recordando sus encuentros, y explicaba tímidamente las secuelas que quebraron su cuerpo tras la dura respuesta con la que su esposo castigó su infidelidad.

Pero luego, una vez más, recordaba el pacto y las rompía en pedazos.  
 

 /AnA GaLinDo/

Estancia: Instantes Contados

 
IlusTracióN Oleg Oprisco

7 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

El temible esposo...
Tres almas en pena.

Besos.

Cecilia dijo...

ufff
vivir para evocar "los jueves del año"
un día .. para el resto de la ¿vida?

Muy bueno Ana,
besos.

Antorelo dijo...

Ana, has combinado con muy buen hacer una serie de ingredientes y te ha salido un texto maravilloso.
Te felicito, de verdad.
Un abrazo

Unknown dijo...

una melancolía de jueves tendrá toda la vida, sus pasionarias,un libro de poemasy explicaciones rotas de infidelidad. Enternece, tu relato. Besos Ana

Cecy dijo...

Rompía en pedazos el papel, un acto tan doloroso como esos corazones rotos.

Un beso.

MIMOSA dijo...

Hola cariño, sabes que hay veces que me pierdo, unas porque lo necesito, otras por trabajo, pero siempre vuelvo, recalo allá donde un día encontré.
Cada uno de esos jueves fijado en su memoria, cada hoja de poema envuelto en su corazón, más cuanto amor! Cuánto dolor debe ser tener el amor encerrado y silencioso, por un pacto.
Precioso Ana, no podía ser de otro modo saliendo de ti.
Un fuerte abrazo!!

Anónimo dijo...

Marcos A. Castro (@marcoscastro_lit )

Qué manera tan sutil y a la vez impactante de revelar la violencia.
Pasar de la poesía de las pasionarias al dolor físico real del presente hace que el final con las cartas rotas sea un acto de resistencia y silencio sobrecogedor.
Gracias por estos textos de puro lirismo y denuncia social.