11 octubre

La tarde encendida



El secreto de la vida es intercalar

entre piel y piel un destello de lluvia,

y en la pausa exacta del deseo,

la calidez del ámbar.

Conseguir que en el refugio de los brazos

filtre su luz la tarde encendida;

despertar cada noche bajo la luna naranja

para incrustar, entre sombra y sombra,

un umbral de regreso.

Nada hay como el verso que se desliza

en los pliegues serenos del cuerpo,

para hallar, en el fondo del mapa,

la música sutil de sus cristales.


Déjame solo que te susurre 
el secreto que silencian las palabras.


 /AnA GaLinDo/

Estancia:  Geometría de la carne

3 comentarios:

Chaly Vera dijo...

El intercalar el suspiro entre dos es una tarea que tratare de realizar.


Besos

Sonia Claudia Martínez dijo...

Solo por esa grieta azul del canto, vale la pena levantarse cada día, a horas distintas o a horas similares. Abrazos Ana!

Entre borradores dijo...

Me impresiona cómo has transformado una reflexión casi filosófica en una pieza tan física y sensorial. El paso de "entre piel y piel" a los "pliegues serenos del cuerpo" le da una coherencia total a la metáfora. Nos enseña a los que empezamos lo importante que es cuidar la temperatura de las palabras para no romper la atmósfera del poema.
Saludos cariñosos.
Laura M. Entre borradores