
Ya no sé si mi palabra es azul
o la tuya es rosada.
Ahora, los motores con sus vaivenes
aúllan en las calles cargadas,
y entre tanta estridencia
de cuerdas y máquinas
se desvanecen los hilos dorados
en paisajes de acero
cubiertos de llagas.
aúllan en las calles cargadas,
y entre tanta estridencia
de cuerdas y máquinas
se desvanecen los hilos dorados
en paisajes de acero
cubiertos de llagas.
Ahora no sé si el color de mi mano
se ha vuelto más pálido,
o si el murmullo que habitaba
el rincón de mis versos
colorea de mustios tonos pastel
el inmenso vacío
que sostenía tu espalda.
se ha vuelto más pálido,
o si el murmullo que habitaba
el rincón de mis versos
colorea de mustios tonos pastel
el inmenso vacío
que sostenía tu espalda.
Viendo los vientos que azotan las letras
—silentes, cadentes, a ratos desiertas—,
añoro ese beso
a través del espejo
que ideó mi mirada.
—silentes, cadentes, a ratos desiertas—,
añoro ese beso
a través del espejo
que ideó mi mirada.
/AnA GaLinDo/
Estancia: Palabras y Desiertos

Ilustración: Agniribe Mada