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09 marzo

Las MujeRes del EsPejo

“Las puertas que bajan del cielo sólo se abren por dentro. Para entrar, es necesario haber ido antes al otro lado con la imaginación y el deseo”. Ángeles Mastretta



Quiso mirarse nuevamente en el espejo. Quería estar segura de que cada una de las pinceladas que enmarcarían su rostro estuvieran ubicadas en su correcto lugar. En la estantería permanecían ordenados los cientos de frascos de pigmentos y esencias que la hacían sentirse una mujer perfecta.

Acercó, instintivamente, sus labios al cristal para besar el jugoso rojo —todavía sin carmín— de la boca que veía reflejada. Se sorprendió al comprobar que el espejo, al que suponía frío y sellado, cedió a la calidez de su aliento, dibujando grandes círculos concéntricos de acuosos reflejos, como los que forma una piedra al caer en un estanque.
Insane Sandy
Ensimismada ante su propia imagen, y sorprendida por el efecto creado por su respiración, regresó al mundo real unida a otro cuerpo idéntico al suyo. El cuerpo de su acompañante se hallaba envuelto en todos los afeites y ungüentos que todavía no había usado de su abarrotada estantería.

El desencanto la dejó conmovida al oír miles de voces que se avivaban a su alrededor y que se enojaban increpándola. La mujer de intenso rojo carmín parecía tan real como ella y reconocía en su textura su propia piel. Las palabras iban elevando su tono, como si recordar el pasado —¿de ambas?— las pusiera furiosas.

Yo no me voy a pasar la vida detrás de los espejos esperando que  te llegue la iluminación de un rayo de luz o te incendies en el fuego del infierno. Hoy comienzo a vivir yo de este lado, porque tú ya desperdiciaste tus oportunidades. 

Sin mediar más palabras y economizando gestos inútiles, la empujó contra el espejo, que con perverso deleite se aprestó a devorarla entre las elipses giratorias de un vidrioso tornado.



Tal vez para no dejar lazos sueltos en el mundo real, o para calmar un ataque de feroz compasión, le arrojó todos los mejunjes y tinturas que desdibujaron su rostro y su mente durante tanto tiempo. Ella, ahora del otro lado, jamás habría imaginado la fuerza de aquella otra mujer del espejo que decidió ser perfecta sin necesidad de la aprobación del azogue impuesto por tantas manos ajenas sobre el cristal de sus ojos.

Dedicado a las mujeres que ven en el cristal de su obra el reflejo de la belleza que contiene su interior.


 /AnA GaLinDo/



Ilustraciones: YuRi, Lilya Corneli, Insane Sandy, Katia Chausheva, Chiara Fersini, Fealasy