Cada noche le leía cuentos antes de dormir y la arropaba con delicadeza mientras velaba su sueño. Cuando ella sentía miedo, le aseguraba que los monstruos no existían y que las hadas acudirían deprisa en su ayuda si se las invocaba con el pensamiento.
Pero aquella madrugada comprendió que él le había estado mintiendo durante mucho tiempo. Ninguna figura mágica acudió a salvarla cuando, en lugar de arroparla, él se deslizó bajo sus sábanas.
Y descubrió, con un dolor imborrable, que el lobo feroz sí era real.
/AnA GaLinDo/
Estancia: Instantes Contados
Ilustración: bajo el seudónimo o marca de "FleX"
Firme grito de rechazo frente al abuso infantil
