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25 marzo

SiLencios y CanTos

Relato en colaboración 
 


Ella,  por más que la observaras, nunca sonreía. En realidad nadie sabía por qué, pero así era. En su mirada había un halo mustio de permanente amargura, un triste abandono que te encogía el interior. Sus ojos, en vez de reflejar los colores y las formas que paseaban delante de ella, proyectaban una fragilidad austera que contagiaba a todas las cosas una tenue frialdad, convirtiendo su entorno en una sombra constante. Nadie le hablaba; el mundo pensaba que era muda, evitando su cercanía e imaginando una hosca actitud. Así la percibían todos. Todos, menos yo.
(Ana) 
Armado de valor, intenté fijar de una vez por todas su mirada esquiva. Aproveché el sonido de unas solitarias monedas en mi bolsillo para hacerla salir de su letargo ausente, y giró la cabeza hacia mí. En ese momento, tras una carraspera interminable, esbocé un gesto de profunda bondad, iluminando el hueco que nos separaba con un tenue resplandor de confianza. Acompañé mi mueca con una mirada propia de un ángel, de la mano de una sonrisa sincera. Clavé mis ojos en el mismo centro de los suyos y los sostuve como un eclipse sostiene la luz del día. En ese instante, el silencio habló por los poros del viento que arrastrábamos tras nuestros sonidos.
(Francho) 
Porque cuando se vibra no existen las sombras, y uno percibe el mundo de otra manera, incluso más allá de la mirada infinita.
(Ana) 
Me coloqué bien la chaqueta y, tras unos instantes de duda, respiré profundamente y traspasé las fronteras del silencio que nos vigilaba con una voz profunda, firme y acogedora.
(Francho) 
Aquel día ella se dio cuenta de que el mundo existía, y sus pupilas comenzaron a devolver la luz que emitían las cosas. 

Fue en ese instante cuando encontraron su camino las palabras: las suyas y las mías. Al principio se confundían. Después, ellas mismas pusieron orden y adquirieron su propio ritmo. 

Ahora ella sonríe; sonríe con un brillo inexplorado. Y, aunque su voz suena débil y cadenciosa cuando camina entre los otros, se vuelve un canto febril cuando comparte el espacio conmigo.
(Ana)


 /AnA GaLinDo/

Estancia: Instantes Contados


Ilustración:  Kirsty Mitchell