Hay quienes viven para acariciar la plata,contar el peso de la moneda,oler el cobre entre los dedosy dibujar números en la sombra.
Hace tiempo que habito su mercado; aún pago su tributo.
La suma y la resta miden el valor de un abrazo.La división señala el margen de la ventaja.
Multiplicar es solo la forma más limpia de sostener el látigo.
No conocen el nombre de la madera desnuda,ni el tacto del agua que no se vende.
Sin embargo, a su modo, enseñan a guardar la inocencia:una lección de espinas que se aprende tarde, cuando la herida ya ha cerrado.
Se valen de la palabra torcida,del miedo sembrado en la penumbrafrente a los desamparados.
Venden la sospecha para llevar a la mesa un pan amargo con aroma de festín robado.
Incapaces de cosechar por mérito propio lo que no huele a moho.
Pero el tiempo es un cauce sin orillas:
lo que se lanza al aireregresa con el peso de la piedra,mientras el sabio aguarda en el umbrala que la noche cumpla su justicia.
Al territorio del arte no se entra con demandas.
Es inteligencia pura, refugio de luzdonde los pasantes del miedo jamás tendrán entrada.
No se regala ni se transmite al ciego;por eso ninguna prohibición alcanza su raíz.
De un fuego apagado nace otro fuego.De una grieta, la denuncia escrita.
Quien censura solo exhibe su vacío,su indigencia de espíritu que repta,su hambre desmedida.
El aire devuelve la siembra;el afecto limpio regresa intacto,y la misma ceniza que intentaron arrojarvuelve multiplicadaal centro mismo de la mano.
/AnA GaLinDo/
Estancia: Palabras y Desiertos

Ilustraciones: Liammm, Arte digital (Avaricia) y Miles Aldridge


