Erase una vez un tonto, que escribía muchas tonterías (por eso se ponía en evidencia muchas veces el tonto)
Quienes lo rodeaban lo consideraban una persona sabia, ilustrada e instruida, y pavoneaba dedicando insulsas historias, o bellas fotos de mascotas, a una nube de agradecidos estómagos que se sentaban a su mesa, mientras él hacía muchas tonterías.
¡Hoy toca cantar!... pues ¡ala!... a cantar.Cada noche, para poder lucir en el día su diamantina plenitud, recorría todas las calles (una por una), y se paraba ante cada farola, para comprobar qué tenían las otras casas que le faltaba a la suya, y así aparentar por las mañanas más brillante y pletórico.
¡Hoy toca una fiesta!... pues ¡venga! ... a soplar velas.
¡Hoy nos vamos al campo!...pues ¡toma! ... a soportar a las chinches.
Un día encontró en la entrada de una casa apartada un pomo de flores blancas... relucientes, frescas y llenas de una blancura inimaginable. ¡Ese era, ese había sido el pomo que él siempre había ansiado poseer!
Imaginó como podría sembrarlo, y llenar su casa de la viva belleza que irradiaba en aquel portal. Era otoño y las rosas frescas ya se habían marchitado, de modo que tuvo que adquirir un sucedáneo de invernadero. Pero su tersura apenas duró dos días, y hasta sus mascotas pensaron marcharse del hogar.
Entonces, el tonto (que para eso era tonto, porque hacía tonterías) tuvo una mejor idea: compró un ramo de plástico de blancos capullos y todas las mañanas se pasaba a regarlo, para mantener el olor de aquel pomo que intuyó oler... en aquella casa apartada.
/AnA GalinDo/
Nota: A veces, incluso la historia está cargada de muchas tonterías. Eso se evitaría.. ¡si no estuviera escrita por tontos!
