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30 octubre

CuenTo de un Tonto



Erase una vez un tonto, que escribía muchas tonterías (por eso se ponía en evidencia muchas veces el tonto)
Quienes lo rodeaban lo consideraban una persona sabia, ilustrada e instruida, y pavoneaba dedicando insulsas historias, o bellas fotos de mascotas, a una nube de agradecidos estómagos que se sentaban a su mesa, mientras él hacía muchas tonterías.
¡Hoy toca cantar!... pues ¡ala!... a cantar.
¡Hoy toca una fiesta!... pues ¡venga! ... a soplar velas.
¡Hoy nos vamos al campo!...pues ¡toma! ... a soportar a las chinches.
Cada noche, para poder lucir en el día su diamantina plenitud, recorría todas las calles (una por una), y se paraba ante cada farola, para comprobar qué tenían las otras casas que le faltaba a la suya, y así aparentar por las mañanas más brillante y pletórico.
Un día encontró en la entrada de una casa apartada un pomo de flores blancas... relucientes, frescas y llenas de una blancura inimaginable. ¡Ese era, ese había sido el pomo que él siempre había ansiado poseer!
Imaginó como podría sembrarlo, y llenar su casa de la viva belleza que irradiaba en aquel portal. Era otoño y las rosas frescas ya se habían marchitado, de modo que tuvo que adquirir un sucedáneo de invernadero. Pero su tersura apenas duró dos días, y hasta sus mascotas pensaron marcharse del hogar.
Entonces, el tonto (que para eso era tonto, porque hacía tonterías) tuvo una mejor idea: compró un ramo de plástico de blancos capullos y todas las mañanas se pasaba a regarlo, para mantener el olor de aquel pomo que intuyó oler... en aquella casa apartada.

/AnA GalinDo/

Nota: A veces, incluso la historia está cargada de muchas tonterías. Eso se evitaría.. ¡si no estuviera escrita por tontos!