los tejados se tiñen de colores ocres y verdes,
las calles guardan charcos que inundan la nostalgia del tiempo.
Las nubes negras continúan en lo alto,
testigos del atardecer.
Tú y yo contemplamos por la ventana el óLeo
que con nuestros sentimientos hemos pintado,
que con nuestros cuerpos hemos imaginado
y que con nuestro amor se ha vuelto realidad.
La lluvia ha cesado,
pero nos ha dejado sus veRsos en la cama;
y entre la música y el humo de una vela,
aguardaremos juntos
hasta un amanecer de hortensias aZules.


1 comentario:
Me apasiona la sutileza de este poema. El contraste entre los nubarrones oscuros del atardecer y la calidez de la vela encendida junto a la cama crea un refugio poético perfecto
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