Los tejados destilan oCres y verdes
y los charcos recogen la nostalgia del tiemPo.
Aquella nubes de ceniza aún velan mi cielo,
mudas testigos del atardecer.
Tú y yo contemplando abrazados el óLeo
Soy presa de mi propia mirada
tras el cristal de este marco engreído,
que me quiere mostrar un boceto olvidado:
el tapiz de dos cuerpos dictando las formas
y el latido encarnado en realidad.
La lluvia ha cesado.
Queda una rima de versos en el lecho;
y entre el pábilo extinto y la penumbra,
se deshace el temblor que nos invocó,
mientras brotan, tan solas,
aquellas hortensias azules.


1 comentario:
Me apasiona la sutileza de este poema. El contraste entre los nubarrones oscuros del atardecer y la calidez de la vela encendida junto a la cama crea un refugio poético perfecto
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