16 octubre

El VesTido NeGro




Su cabeza comenzó a dar vueltas frente al ordenador. Sus pies apenas encontraban apoyo en el suelo granate que lo sostenía. Fue cuestión de un minuto, o tal vez diez, o quizás llevaba allí sentado dos días enteros sin poder recordarlo muy bien.

Las palabras que bailaban en la pantalla, páginas atestadas de amor y deseo, las había escrito ella para otro hombre. Él le respondía con versos torpes, como ecos vacíos extraídos de cualquier libro de ocasión o de un foro en la red donde habitan las fantasías ajenas.

Pudo imaginarla con su vestido de satén negro, ascendiendo por la penumbra de una escalera en busca de la habitación. Pudo oler la esencia de su sexo impregnada en su lencería y reconoció los gemidos que brotarían de su voz cuando el otro la abrazara. Él mismo había disfrutado de ese cuerpo sedoso y curvilíneo, de esas piernas que se enredaban en su cintura para empujarse contra su vientre.

Echó la cabeza hacia atrás intentando tragar el aire varado en su garganta. 

Poemas de amor. Preguntas huecas: «¿Te ha gustado?», «¿Cuándo nos veremos de nuevo?», «¿Me amas?». Él nunca se lo había dicho porque siempre asumió que ella ya lo sabía. ¿Quién ese expectro de realidad paralela que había dormido durante tantos años en su cama?

Se levantó con gesto ingrávido y caminó despacio, balanceando su cuerpo pesado. Llegó a la cocina sin pensar, abrió el cajón y tomó las tijeras más pequeñas y afiladas, y se dirigió al dormitorio.

En el mayor acto de pasión y dolor de su vida, abrió el armario. Dejó caer la ira que abrasaba sus pupilas sobre el vestido negro que tantas veces había deseado con lujuriosa pasión. Rasgó el delicado satén una y otra vez, hasta convertirlo en harapos. 

Ahora que ella no estaba, no tendría piedad. 

 

 /AnA GaLinDo/

Estancia: Palabras y Desiertos

 

11 comentarios:

Unknown dijo...

MUY BUENA!!!destruir el objeto de deseo que en la actualidad puede ser como un vestido negro. Ya lo dije antes el fetichismo, es un modo de amar pero no a los cuerpos. Abrazos!!

Rosa dijo...

AWWW me encanta la historia llena de pragmatismo y según lo que percibí con sensualidad...
Saludos

Pluma Roja dijo...

épocas de historias amorosas, según veo estamos en la época de los amores por ordenador. ¿Qué tal? No lo imagino. MI época fue la de los 60s, rompíamos con costumbres arraigas, los amores eran de pura aventura y aún sin teléfonos celulares puro acercamiento vivencial.

Tu relato me gustó mucho. Interesante. Besos Ana. Hasta pronto.

TORO SALVAJE dijo...

Esta ya no es tan edulcorada.
Menos mal que la tomó con el vestido.

Besos.

Unknown dijo...

Ana, tu poema es la vibración de un tema que requiere una lectura atenta. El fetichismo enlaza lo que lo seduce al objeto no al cuerpo. Comprendo tu actitud hacia el vestido negro. Me encantó.
Un abrazo grande!

Shuare dijo...

Hola guapa! Tengo un premio en El Rincón de la Luna para ti... Besotes!

MIMOSA dijo...

¡Cuánto dolor se puede llegar a sentir por amor! Es un buenísimo relato, descripción que nos lleva a imaginarnos la situación, a palpar el dolor de lo descrito, a la vez que lleva sensualidad y pasión.
Un fuerte abrazo y feliz finde guapa.

Felisa y Ernesto dijo...

Bueno, se cargó el vestido..., pero cuando uno se desespera y con un saco de tristeza a la espalda, no queda otra que llorar..., y bueno matar a su querido y deseado vestido negro.
Muy buen relato Ana
un saludo
Felisa

Antorelo dijo...

Sensualidad, ardor, pasión, voluptuosidad convergen en este texto gracias a la maestría con la que vas enhebrando las palabras.
Saludos

Juan Gerardo dijo...

Ana, dos cuentos diferentes en su esencia pero que conservan la parte erótica para hacerlas interesantes, cargadas de mucha sensulidad.

Te mando muchas felicitaciones por estas exploraciones literarias que llevas a cabo, no cualquiera se atreve a hacerlo de tan maravilla como tú.

Anónimo dijo...

Una narrativa donde la prosa bordea la poesía del dolor.
Romper el vestido no es destruir una prenda, es rasgar el fantasma de la intimidad compartida.
Tremendo texto, de los que se quedan resonando un buen rato.