12 octubre

Los Tacones Rojos


Los tacones rojos


Quise sorprenderlo con un regalo y me envolví en unos inalcanzables tacones rojos. Decidí entonces transitar, a solas con mi vértigo, uno de los recorridos más complejos de mi crónica de vida.

Caminé erguida, erigida sobre mi bermejo pedestal, a lo largo de la interminable alfombra parduzca que conducía desde el ascensor hasta la habitación de ese hotel, que la ciudad parecía haber olvidado.

Desde allí arriba me sentí voluptuosa y cándida al mismo tiempo. Parecía que el viento se mecía entre mis caderas y alargaba la línea de mis piernas, otorgándome una extraordinaria sensación de dominio. Las paredes, de un  púrpura atenuado, escoltaban mi paso, rindiendo silencioso tributo a mi incertidumbre.

Abrió la puerta al oír mis nudillos rozar la gastada madera cobriza. 

Sin pronunciar palabra, se puso a mis pies y besó con inagotable pasión aquellos zapatos de cuero corinto, mientras sus manos acariciaban con veneración mis medias negras de seda.

—Cuánto los he echado de menos —gimió entre besos.

Entonces flexioné los tobillos, me despojé de los zapatos lanzándolos al vacío y me arrodillé a su lado pidiendo piedad:

—No los beses a ellos —rogué—. No me dejes partir.



Reflexión sobre las máscaras con las que a veces intentamos protegernos o hacernos deseables.


/AnA GaLinDo/

Estancia: Voces de la Lluvia



Ilustración: Neto Junqueira

16 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

Los tacones son un espejismo para ojos ingenuos.

Besos.

Ricardo Miñana dijo...

En la mujer los tacones son el complemento mas elegante.
un placer leerte.
feliz semana.

Unknown dijo...

El fetichismo es una escena cargada de pasión, donde el cuerpo pasa a un segundo plano,seducción y elegancia en esta entrada. Maravillosa tu escena. Un abrazo

Tatiana Aguilera dijo...

Un poco de fetichismo en el relato, buena dosis para hacerlo gustable...
Feliz semana para ti Ana.

MIMOSA dijo...

Me parece increíble, creo que andamos un poco conectadas.
Elegancia,pasión, deseo, todo en un mismo juego, terciando palabras con tan bello ritmo.
¿Será que estamos despertando?
Decirte que tengo unos zapatos rojos divinos, que ande loca hasta que los encontré, y cierto que desprenden un no se qué (miradas alegres,je,je)
Que disfrutes del resto de tan corta semana.
Miles de besos y miles de gracias.

Antorelo dijo...

Bonito texto rebosante de sensualidad, pero con muy sutil y estiloso.
Ana, gracias por entar y comentar en tijerasdepapel. Eres nuy amable.
Un brazo

Anónimo dijo...

Es maravillosa la vision sobre lo que despiertan y provocan algunos objetos fetiches en las relaciones. Me ha encantado la manera que has hechi la historia.

Juan Gerardo dijo...

Anita, extraordinaria historia sensual que has elaborado. Te felicito por esta variedad de temas que vas descubriendo y que nos das a conocer.

Besos

Pluma Roja dijo...

También la miopía hace confundir unos tacones con las piernas. No. es broma aquí existe el fetichismo. Muy buen poema Ana.

Saludos cordiales,
hasta pronto.

Ana Galindo dijo...

Pluma Roja: Sí...¡hay muchas clases de mìopías!...¡Y tantas!

En cuanto a lo del fetichismo, parece que eso se ve con suma claridad...en realidad es lo más evidente.

Un beso

Ana Galindo dijo...

Mimosa...es lo que parece. Cada cual a su estilo, pero sí que sorprende. Tus zapatos rojos tienes que fotografiarlos y mostrarlos para que los veamos. En el fondo todos y todas tenemos algo de fetichistas. Besos, querida.

MIMOSA dijo...

Así es amiga, no te queda duda que quizás un día lo haré y fotografiaré otras cosas también, como el a mí misma, por partes, ya te contaré.
Un fuerte abrazo, mi linda Ana.

Ana Galindo dijo...

Espero que lo hagas. Cuando tú te sientas segura. Un abrazo cielo

Merly dijo...

Sencillamente magnifico. Delirante embriaguez la de la pasion.

Eri dijo...

Los tacones son ls prenda más sensual que conozco. Tu relato los hace más hermosos todavia.
Felicidades Ana. Un placer leerte

Javier Morales (Poética y Narrativa Breve) dijo...

Al conocer el desenlace, el texto cobra una dimensión psicológica insospechada. Lo que parecía un ejercicio de seducción y autosuficiencia se devela como un grito desesperado de intimidad.
La protagonista desmantela su propio mito en el último gesto (lanzar los tacones al vacío) para reclamar un amor desnudo, libre de fetiches y máscaras.
Excelente manejo de la tensión dramática y de la simbología del vestuario como coraza emocional.