22 enero

JaNa/ Una HistoRia BreVe de Amor ReaL


--Tomás no había regresado en toda la noche. Cuando, ya de madrugada, oyó sus pasos por el corredor y aquel hilito de tos ahogada que le dejaban las largas horas en su sórdido club, Jana se cubrió la cabeza con las sábanas, encogió el cuerpo en un semicírculo y trató de protegerse del sonido lacerante que solía tomar la voz de su esposo cuando, al llegar, articulaba alguna palabra hiriente.

Empujó la puerta de la alcoba para que supiera que había regresado, cerrándola de golpe tras de sí para irse a dormir a la otra habitación. Así aprendería. Esa noche la deseaba más que nunca, pero de este modo afianzaba su dominio en la relación. Tarde o temprano, ella se acercaría a pedirle que yacieran juntos. Conocía bien el poder que ejercía sobre las mujeres: hasta la ingenua e insulsa Elena había sucumbido a su constante juego de seducción, olvidando la aversión que sentía hacia aquel hombre impasible que ignoraba los sentimientos de cualquiera que cayera bajo su cetro.

--Caasi al amanecer, vestida con un traje gris y camisa blanca, Jana abrió con firmeza el zaíno aposento. Llevaba un bolso de ante azul que sujetaba con energía, como si el peso de su contenido le infundiera más fuerza a la postura y a las palabras que estaba a punto de pronunciar:
—Ya no te quiero —dijo.   

Él, desconcertado, la miró buscando alguna huella de gesto fingido en sus labios, pero la belleza serena de Jana tan solo transmitía una entereza que lo convirtió en estatua de sal. Deseó saltar y besarla; arrastrarse a sus pies implorando piedad. Adoraba navegar por sus muslos y el aroma a sudor que desprendían sus sensuales huecos cuando el cuerpo sedoso ardía. 

Era cierto. Había sucedido. Distinguía en sus ojos vítreos que no había vuelta atrás; sus propias vísceras le gritaban que, si ella cruzaba el umbral, sería para siempre.

--Quiso rescatar del baúl de los recuerdos los momentos mágicos que habían compartido y tragarse la vanidad, pensando que quizás aún no era tarde para los dos. 

Creyó, por un segundo, que podría balbucear una palabra que disolviera su rudeza y rescatara la candidez con la que un día la enamoró. Pero su garganta estaba tan seca, como su emotividad. 

De pronto se vio sumergido en el vértigo de la realidad, incapaz de detener la espiral de desamor que amenazaba con engullirlo en un torbellino de emociones ingobernables. La amaba y la deseaba hasta el abismo. Más que nunca. Más que siempre.

--Lo siento, ya no te quiero —repitió ella antes de darse la vuelta y dejarlo allí, a solas, hundido en su absurda cobardía y sin saber cómo reaccionar.


/AnA GalinDo/

IlusTración de Liu Ye 

Estancia: Instantes Contados

24 comentarios:

Felisa y Ernesto dijo...

Preciosa certera historia de un fin.., a los que de vez en cuando nos conducen "los inmensos vértigos de la realidad".
Un saludo en equilibrio.
Felisa

Mª Teresa Martín González dijo...

Me gusta la fortaleza de Jana cuando va llegando el final del relato. "Ya no te quiero", qué dificil es a veces decir esa simple frase cuando estás enlazada a un hombre y una vida que no te llena.
La sensación que dan los personajes parece cruzarse a medida que avanza la historia, al final parece él el desorientado, el débil.

Un placer leerte.

Un saludo.

poesia del cielo dijo...

contundente firme sin vueltas un YA NO TE QUIERO... lo dijo todo plasmo fuerte su sentir...que linda historia amiga Ana queme he encanatado mucho..

saludos
linda semana
abrazos

Anónimo dijo...

Ana...muchisimas gracias,por estar siempre,sos una persona hermosa...llena de carisma,cuento contigo siempre...con mucho afecto!
un gran beso,gracias!
lidia-la escriba

Joaquín Lourido dijo...

Una bella historia, donde se demuestra una vez más que la mujer (Jana) es clara y coherente con sus principios estableciendo en todo momento, a pesar de sus emotivas sensaciones de decir lo que hay que decir sin rodeos: "Ya no te quiero"...
En el caso masculino, debería de actuar de otra manera, buscando la objetividad y no estar tanto en las nubes. pero ciñéndonos a la descripción, Ana. No encuentra el lugar, ni la forma para realizar de su vida otra esencia.
Me ha gustado, no sólo por la narración, sino por la valentía de como Jana al no mezclar emociones con finalidades. Su ph no estaba en equilibrio e hizo lo que debería realziar cualquier humano en su lugar.

Buen Domingo!!!

Besiños con cariño desde la tierra del rio Miño.

MIMOSA dijo...

Se tuerce una realidad vista desde cada mirada, finalmente, la fortaleza perteneció a Jana, por mucho que él creyera que poseía el poder.
Una gran historia y tiernamente contada.
Un fuerte abrazo mi dulce Ana.

Rosa dijo...

Que fuerza la de JANA al lograr expresarse y decir con todas las letras que quería acabar con todo! me encanta eso... de decir la verdad por mucho que duele, es lo mejor después de todo (para ambas partes, puesto que luego la otra persona logra madurar y encontrar a alguien mas, aunque suene fantasioso muchas veces sucede así)
una abrazo

Sandra Figueroa dijo...

Hola Ana, una historia de la vida real, muchas veces por vanidad o machismo de parte del hombre, muere el mas bello amor. Besos, cuidate amiga.

Uka. dijo...

Con contundencia,pero con el miedo de la duda de no poder hacerlo entre sus manos,aferradas con ahinco a su bolso.
El descuidar el amor,es lo que trae.
Historia de una mujer valiente.
Un beso.

TORO SALVAJE dijo...

Y Jana volvió a la vida.

Besos.

Tatiana Aguilera dijo...

Ana preciosa, pasa por mi Blog de premios, dejé algo para ti.
Un beso.

Antorelo dijo...

Muchas cosas no las valoramos hasta que las perdemos. Y aunque esto lo sabemos, solemos caer en el mismo error.
Un abrazo y buen domingo.

La Gata Coqueta dijo...

Fiel a mis paseos semanales, me introduzco por tu pequeña ventana de la mañana, en compañía del alba, cual manantial que emana emociones constantes al leer las entradas que dejas para deleitar la sensibilidad posiblemente acurrucada bajo las espigas doradas de la confraternidad...

Y quedamente te saludo para que este día sea pleno de dicha y sosiego para ti y para todos los que te siguen.

Un abrazo de magnolias para ti, que al ser contempladas, te devolverán la belleza de un espacio absoluto...

María del Carmen

Felisa y Ernesto dijo...

Hola Ana, te dejé un premio elegante en Gaspar y familia, pásate por allí, a ver si te interesa..., Beso
Felisa

Unknown dijo...

Que lindo venir y leer...

Ivette dijo...

Ana que relato tan geniaL!
Además se ven clarisimamente los roles que desempeñan cada uno de los protagonistas! Creo que es muy muy bueno:)

Siempre es un placer leerte!

Un beso fuerte

Tatiana Aguilera dijo...

Ana:
Ahora paso para leer con tranquilidad tu relato...Me parece historia conocida, de hecho la viví...Uno es el que presume, ostenta orgulloso su supuesto poder. El otro personaje, es el que siempre ha sufrido, hasta que encuentra fuerza y decide terminar. En ese momento el vanidoso se da cuenta que ha perdido , y es demasiado tarde para intentar rescatar el amor que se extravió.
Un beso Ana.

Marisa dijo...

En esta historia el que
aprendió fue él apegado
a su mediocre vanidad.

Un gran abrazo.

Unknown dijo...

cuàntas realidades en el relato, me tocan muy de cerca querida Ana. tal vez por eso no pueda decir nada màs. Besos

Nereidas-andresdeartabroblogpost,com dijo...

Hermoso tu relato, trae a mi mente los momentos en que perdi la llave del baul de mis recuerdos, allí olvidados hasta que perdí la llave , y durante días no hice mas que buscar la ...lave.
Relatas con fortaleza y suavidad y sorprendente era en ella donde radicaba la fortaleza. Expresas una dura escena de despedida con dulzura , yo diría que hasta con candor y no es nada fácil.
¡Magistral!
Un beso

Cecy dijo...

Bien Jana, muy bien.
Nada como aprender a quererse y salir a la vida para estar solamente en los lugares donde nos sentimos queridas.

Me encanto!

Un besote.

Poeta del Alma dijo...

Una joya de relato. Qué bien retratada la frialdad del maltrato psicológico y la fuerza serena de quien decide no ceder ni un segundo más. La frase "más que nunca, más que siempre" en su propia trampa es brutal

Anónimo dijo...

Casi parece un "dejá vu"

Carlos dijo...

Narrativamente es magnífico. El ritmo psicológico del relato funciona a la perfección: ver cómo se invierten las tornas de la dominación a la impotencia en solo un par de frases crea una tensión narrativa magistral. Gracias, Ana