«A finales de octubre, cuando llegue el otoño, plantaremos un árbol sobre su loma».
Eso me dijo mi padre cuando le pregunté para qué había hecho aquel montículo de tierra sobre la parcela que se divisaba frente a la ventana de nuestro salón.
Era una colina sin hierba, a donde corría a esconderme si aumentaban los gritos.
Lo comprendí todo cuando, al cumplir ocho años, me subí a aquel árbol aislado para escapar del silbo del cinturón que laceraba mi espalda.
Su tronco cedió, y sus ramas me escondieron, meciéndome. Delicadamente, sus áridas hojas me llenaron de suaves caricias; las mismas que no recibía desde que mi madre, a principios de un otoño lejano, nos abandonó.
/AnA GaLinDo/
Estancia: Umbrales y Ventanas

Agatha Katzensprung

13 comentarios:
Que pena...
Ese maltratador merece un rayo que lo carbonice.
Besos.
triste y real trabajo
cuántos aún pasan por semejante abuso y violencia
y nada tiene que ver el estátus social , porque esto es transversal en toda sociedad sea o no desarrollada, pasa que no se denuncia y se calla a veces por miedo absoluto
abrazo Ana y buen fin de semana
Por desgracia, hay muchas historias similares, pero ninguna debería haber ocurrido.
Un beso
Hermoso , entrañable y triste;pero llega.
Besos.
Es paradójico que algo tan bellamente contado describa un suceso tan salvaje y doloroso.
Me pregunto cómo es posible que haya gente que no conozca la misericordia?
Recibe todo mi cariño, bella Ana!
Historias para no dormir las conciencias.
Besos.
Un tono amargo, el maltrato, pero hermosamente expresado.
Abrazos
gracias Ana por tu huella, solo recuerda , mi blog no es un diario de vida, es un espacio de creación poética, por lo tanto la voz de quien habla no necesariamente es la voz de la persona real.
Bueno supongo que lo sabes , porque tu eres poeta
besitos y feliz domingo
Describes tu tragedia con altanería y valentía. Te mereces que ese árbol te haya arrullado entre sus ramas.
Escribes con fuerza pero también con delicadeza.
Me has emocionado.
Un saludos desde Copenhague donde los cerezos en flor celebran la llegada de la primavera,
Ian.
Todo maltrato es dolor
pero lo es mucho más
cuando lo reciben los niños.
Un gran abrazo Ana.
Bueno... sólo dos palabras para recordar que esto es un texto, inspirado en realidades. Pero que mi padre era un ser maravilloso, culto, dulce y bueno.
Gracias por vuestros comentarios.
Besos
jajaja Anita, esto de hablar en primera persona trae sus consecuencias jajaja
besitos y abrazos, acá sigue lloviendo desde el viernes, nos parecemos a los patos jajajaj
Imposible no sobrecogerse con esta lectura. La imagen del árbol meciendo a la infancia vulnerada y sustituyendo la caricia materna es de una delicadeza triste y bellísima.
Me ha encogido el corazón. Esos versos en prosa donde la naturaleza acoge lo que los humanos rompen dejan una huella imborrable
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