04 marzo

Mercaderes del afecto




Hay quienes viven para acariciar la plata,
contar el peso de la moneda,
oler el cobre entre los dedos
y dibujar números en la sombra.

Hace tiempo que habito su mercado; aún pago su tributo.

La suma y la resta miden el valor de un abrazo.
La división señala el margen de la ventaja.

Multiplicar es solo la forma más limpia de sostener el látigo.

No conocen el nombre de la madera desnuda,
ni el tacto del agua que no se vende.

Sin embargo, a su modo, enseñan a guardar la inocencia:
una lección de espinas que se aprende tarde, cuando la herida ya ha cerrado.
 


Se valen de la palabra torcida,
del miedo sembrado en la penumbra
frente a los desamparados.

Venden la sospecha para llevar a la mesa un pan amargo con aroma de festín robado.

Incapaces de cosechar por mérito propio lo que no huele a moho.

Pero el tiempo es un cauce sin orillas:

lo que se lanza al aire
regresa con el peso de la piedra,
mientras el sabio aguarda en el umbral
a que la noche cumpla su justicia.



Al territorio del arte no se entra con demandas.

Es inteligencia pura, refugio de luz
donde los pasantes del miedo jamás tendrán entrada.


No se regala ni se transmite al ciego;
por eso ninguna prohibición alcanza su raíz.

De un fuego apagado nace otro fuego.
De una grieta, la denuncia escrita.

Quien censura solo exhibe su vacío,
su indigencia de espíritu que repta,
su hambre desmedida.

El aire devuelve la siembra;
el afecto limpio regresa intacto,
y la misma ceniza que intentaron arrojar
vuelve multiplicada
al centro mismo de la mano.


 /AnA GaLinDo/

Estancia: Palabras y Desiertos


  Ilustraciones: Liammm,  Arte digital (Avaricia) y Miles Aldridge

4 comentarios:

Rosy dijo...

Totalmente de acuerdo y suelo fijarme en las caras y los ojos. ..y allí se ve la huella ...
Un beso Ana Galindo ...

Anónimo dijo...

En estos casos, una recomendación:

Hay una persona (no viejecita, ni viudita precisamente) que tiene madre, padre, madrastra y padrastro (afortunadamente, y en ese orden) que darían su vida por ella, y que se sugiere.... no traten los "asustaviejecitas" de jugar con su nombre y sentimientos. Recordarles a los avariciosos que ella misma tiene recursos económicos propios para defenderse, goza de autonomía e inteligencia, aunque sea la bondad su virtud más característica. Pero por si acaso, y a ella le faltara algún tipo de apoyo... están su madre, su padre, su madrastra y su padrastro que también la respaldarían económicamente si vuelven a hacer uso de su nombre en alguno de sus libelos.

La interpretación de lo escrito, lo dejo a vuestro antojo.

Antorelo dijo...

Su amor es el dinero.
Saludos

Sara O. Durán dijo...

La codicia, la avaricia, qué bien lograda tu entrada. La vida es un boomerang, no hay que olvidarlo.
Besos de anís, Ana.