08 agosto

La Isla de los Anhelos


Solo quedaba una isla 
 para recoger tantos anhelos. 
 Llegó la tarde con el pasaje 
 para el deseado velero: 
 ¿una decisión precipitada 
 o un codiciado destierro? 

 Flaqueaban las fuerzas 
 para sujetar bien los remos
 (corrían cristales en el agua 
 y los peces saltaban al cielo). 

 El paisaje encendía tonalidades inéditas 
 y la arena, tan blanda, sujetaba al viento.

En aquella isla perdida
las aguas fueron refugio
y los verdes revelaron misterios.



Dicen que al amanecer, ahora se escucha a lo lejos:


Haré para ti un jardín
de rosas y mimosas,
y salpicaré de violetas el sendero.
Me encontrarás en los ecos del agua:
estaré al final del camino,
tejiendo mareas,
sosteniendo silencios.

Tu piel, isla de arenas;
mi cuerpo, océano de desiertos.

Mi corazón yace anclado en arrecifes
y la noche me alcanza
hasta el fin de los tiempos.

Renacerás inocente otra vez:
porque has vivido desde la creación de los dioses
y sus lances en la orilla se hicieron eternos.


Al fin podré asimilarte
como un fruto maduro,
como piedra sobre una isla
que jamás ya se hunde,
creando un engranaje perfecto.



/AnA GaLinDo/ 

Estancia: Voces de la  Lluvia
[Fotografías tomadas de Pinterest]

1 comentario:

Lucía dijo...

¡Qué viaje tan fascinante hacia lo sagrado! La imagen de los peces saltando al cielo y la arena sujetando al viento te envuelve en una atmósfera de ensueño deslumbrante.
Felicidades Ana
Este poema evidencia un imaginario surrealista impecable: Las imágenes de los peces saltando al cielo, los cristales corriendo en el agua y la arena sujetando al viento nos dan un magnetismo magnético y mágico. Muy en tu línea, siempre.