23 junio

Ojos TrisTes



Era una familia de ojos tristes. Los del padre, los de la madre y los del hijo. Resultaba curioso oír cómo aparecía y desaparecía su canto de sirena entre las nubes. Yo escuchaba, adormecida en la otra orilla, observando de lejos su melancólico y aciago batir de pestañas.

Sentía una curiosidad extraña, movida por un sentimiento de culpa que a veces me rondaba el estómago ante tanta tristeza en las pupilas del padre y tanta ausencia en las de la madre. Envejecidos por la rutina, y agotados aun siendo jóvenes, intentaban despertar cierta envidia en la mirada apenada con la que los demás los observábamos.

El espacio verdoso de quienes eran su referencia reflejaba en sus pupilas una tonalidad misteriosa. Sus matices no se correspondían con los del amor. Quizá otras melodías lejanas les servían de eco, haciendo que nuestros oídos fueran presos de un imán poderoso que nos obligaba a girar la cabeza ante sus estridentes y rayados murmullos. Casi se podía apresar el sonido de los gritos que sus ojos tristes emitían para intentar inflar de felicidad aquella mentira que apenas les daba calor.

De manera repentina, el cielo se convirtió en antorcha, como si millones de llamaradas se unieran para cubrirlo. El fuego se fue transformando en un humo denso que dejó una silueta en el centro: la figura de un hombre. 

Aquel día, el hombre de ojos nostálgicos que tenía una mujer de ojos pesarosos, se incineró en su propia mentira cuando ella, harta de sus continuas infidelidades, le cauterizó el bajo vientre con la plancha de la ropa. 

Mientras él aullaba entre la carne chamuscada: «Solo fue mero sexo».

 /AnA GaLinDo/

Estancia:  Geometría de la carne


Ilustración de Christer Strömholm

9 comentarios:

Gerardo Rivas dijo...

Seres desgraciados por su propia naturaleza. Como siempre genial, te quiero.

6tercerciclo@gmail.com dijo...

Sin palabras y conmovida...
Están en todas partes y sus enemigos somos nosotros, les damos miedo...

Sara O. Durán dijo...

Seres que permiten nublar su belleza por la mentira. Abundan por doquier, por miedo a deshacerse del lastre y ser libres. Estupendamente bien relatado. Fuerte abrazo!

Unknown dijo...

Violencias cotidianas, fuegos malditos. Muy buen relato, para pensar los límites de la tolerancia y sus consecuencias. Abrazos Ana

Alicia Abatilli dijo...

Un relato que aleja estos seres, porque es genial, ellos detestan la genialidad.
Abrazos.

Alicia Abatilli dijo...

Todo es pasar, para estos seres.
Así será su vida también...

Chaly Vera dijo...

Muy bueno.

Besos

Beatriz dijo...

Qué quiebro tan brutal tiene el relato, Ana. Empieza sumergiéndote en una atmósfera casi de ensueño, muy poética, y de pronto te sacude con esa realidad tan cruda y violenta. Ese contraste entre los 'ojos tristes' y la verdad del matrimonio está muy bien conseguido,

PAULINA dijo...

Me impresiona cómo construyes la falsedad de la apariencia. La imagen de la familia tratando de aparentar algo hacia afuera mientras por dentro se están destruyendo tiene una fuerza narrativa enorme. El final con la plancha deja sin aliento