28 marzo

Señales de Lluvia / I /


/ I /

Las hojas caducas se sembraban sobre el suelo. Me senté a cubierto en un banco frente al parque, no lejos de la carretera. El camino nunca quedó fuera de mi vista. Los árboles de hoja perenne, que ayer apenas superaban la altura de los cerezos, habían sido talados. Aun así, el bosque todavía resistía allí junto a la cancela de bambúes azulados. El viento soplaba ferozmente. Las últimas hojas encaramadas a las ramas terminaron por ceder, y las flores que a mi llegada lucían alineadas en orden, ahora parecían exhaustas.

En lo alto, las nubes se cernían densas, anunciando la tormenta de la noche. Derramaban silencios de color gris mientras el agua comenzaba a caer, lenta. El canal de riego recobró su cauce antiguo.

Crucé la calle para refugiarme bajo una techumbre herrumbrosa, empuñando mi gastado paraguas. Me sorprendió que con semejante clima todavía hubiese gente afuera, incluyéndome a mí. El camino ahora está empapado y los charcos comenzaron a reflejar las sombras del viento a su paso.

Tenía la intención de esperar a Julia tras el aguacero. Siempre la aguardaba en el parque cada vez que anunciaban fuertes lluvias. Mi ropa se empapó con el agua que salpicó un automóvil al pasar hacia algún refugio perfecto.

De repente, una joven buscó cobijo a mi lado. Traía la ropa húmeda por la descarga reciente y apretaba entre sus manos un bolso de tela de terciopelo negro, también salpicado por el agua.

-Disculpe, señor. ¿Puedo refugiarme aquí con usted?

-Por supuesto. Aún queda sitio seco para los dos.

Me desplacé ligeramente hacia la derecha con un gesto de cortesía para que se refugiara a mi lado. Volví la mirada hacia el camino con la certeza de que la lluvia se prolongaría.

-Está empezando a caer con fuerza - comenté para romper el silencio tras unos minutos.

-Sí, parece que irá para largo - respondió con amabilidad. Sus dientes se alinearon en una cálida sonrisa.


Efectivamente, la lluvia arreció. El estruendo del agua sobre la chapa herrumbrosa sonaba como un gruñido. El cielo parecía triste, acaso por haber permanecido seco o por razones que yo ignoraba. Así es como me siento al viajar: libre de ser un prisionero entre las ruinas de agua que el sol evaporó durante la tarde.

Hablamos con la cautela de quienes se acaban de conocer, hasta que ella lanzó una pregunta que me hizo sentir confundido:

- ¿Qué opina de la lluvia?

- A mí me gusta. La lluvia siempre me hace un cálculo del tiempo que se me va escapando —contesté con el rostro inexpresivo.

- Para mí, es demasiado cruel —sentenció mientras se desataba el cabello mojado, que cayó sobre sus hombros estrechos.

Acomodó el bolso de terciopelo sobre el regazo y sacó un pañuelo de tela para secar su trozo de madera mojada.

- Sí... es como si estuviera llorando —añadí—. Siempre llega cuando no se la espera. A los pájaros tampoco les gusta.

No entendí por qué consideraba cruel la lluvia. ¿Ocultaba algún secreto entre sus gotas?

Volvimos a quedarnos en silencio, envueltos por el estruendo del aguacero.


 /AnA GaLinDo/


Estancia:  Instantes Contados

[Imagen vía https://www.tumblr.com/ ]



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Me inspira la narrativa breve para crear mundos a través del detalle y la atmósfera. En este fragmento de "Señales de lluvia", adapto la prosa a la cadencia de la poesía, prefiriendo el silencio y la fuerza de los símbolos a la prisa. Es mi forma de mostrar cómo el paisaje exterior refleja la luz y la sombra del alma.

1 comentario:

Beatriz dijo...

Sublime este comienzo de 'Señales de lluvia'. Hay una delicadeza cinematográfica en la mirada de Tomás y en la irrupción de esa joven con su bolso de terciopelo. La prosodia y las imágenes están cuidadas al milímetro. ¡Enhorabuena!