martes, 8 de febrero de 2022

La Sombra Y la RaMa.



La rama se fue desviando del tronco
que contuvo, por memorias ancestrales,
toda la geografía del paisaje
contenido en el valle de la tristeza.

¿Cómo suponer que después de tantos vientos, 
después de tanto, de ir y venir por cuatro mares y sueños,
que un frío bloque  pintado de blanco
le sirviera de asiento para volver a crecer?

Como la niña sin nombre, 
de la que nadie se acuerda,
arañó en el suelo el sustento y el agua
que paliaran el hambre y saciaran la sed.

Ya no eran los  paisajes,
abiertos del Bósforo, ni las ruinas de Egipto,
ni aquella barcaza paseando entre flores y azules,
ni la rama que palia el  calor de un ron tropical.

Los mapas se enrollaban cerrando las puertas,
ventanas sin lluvia y vientos de alerta.

La rama se fue desviando del tronco

rasgando su espalda con ansia 
para armar de nuevo una luna
alejando las  sombras perversas
que la vieron sin vida
 y la dejaban morir.

Excusas de barro,
para troncos enojados y malqueridos
que solo miraron su miedo 
en aquellos paisajes que ahora ignoran cómo alimentar.

La rama airada,
cansada y helada, se fue alejando hacia la nimia bengala
que siempre colgó de su vientre.
La sangre y la suerte.
La vida ya no es arte,
solo un paisaje donde sostenerse
habitando el amor.

A medida que sobre la hierba anochece,
todo se va borrando, todo desaparece.
La boca, que recuerda un dulce nombre y lo nombra.
Una piel blanca y un tacto rosa.

Y en medio de este oscuro silencio, de esta calma,
ya no sé si es la sombra quien hizo desprenderse a la rama
o si es la rama encarnada la que ignoró hastiada a la sombra.



Dedicado a todas la sombras que durante los años de encierro ignoraron a la rama. 

Dedicado a todas las personas malqueridas a quienes olvidaron nutrir sin la mínima piedad.

/AnA GaLinDo/ 

[Fotografía Oriol Jolonch© – El bosque]



No hay comentarios: