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viernes, 25 de marzo de 2022

Por una MiraDa, un MunDo

Relato en colaboración 
 

Ella, por más que la observaras, nunca sonreía. En realidad nadie sabía porqué, pero así era. En su mirada había un halo mustio de permanente amargura, un triste abandono que te encogía el interior. Sus ojos, en vez de reflejar los colores y las formas que paseaban delante suya, proyectaban una fragilidad austera que contagiaba a todas las cosas de una tenue frialdad, convirtiendo todo a su alrededor en permanente sombra. Entonces nadie le hablaba, porque todo el mundo pensaba que era muda, evitando su cercanía, e imaginando su hosca actitud. Así la percibían todos. Todo, menos yo.
Ana 
Armado de valor, intenté fijar de una vez por todas, su mirada esquiva. .. Aproveché el sonido de unas solitarias monedas en mi bolsillo para hacerle salir de su letargo ausente y giró su cabeza hacia mí. En ese momento, tras una carraspera interminable, esbocé un gesto de profunda bondad, iluminando el hueco que nos separaba con un tenue resplandor de confianza. Acompañé mi mueca con una mirada propia de un ángel, de la mano de una sonrisa sincera. Clavé mis ojos en el mismo centro de los suyos y los sujeté como un eclipse sujeta la luz del día. En ese momento el silencio habló por los poros del viento que arrastrábamos tras nuestros sonidos.
Francho 
Porque cuando se vibra no existen las sombras, y uno percibe de otra manera (e incluso más lejos de la mirada infinita)
Ana 
Me coloqué bien la chaqueta y, tras unos instantes de duda interminable, respiré profundamente y traspasé las fronteras del silencio que nos vigilaba con una voz profunda, firme y acogedora.
Francho 
Aquel día ella se dio cuenta de que yo existía, y sus pupilas comenzaron a devolver la luz que emitían las cosas. Fue en ese instante cuando encontraron su camino las palabras; las suyas y las mías. Al principio se confundían. Después, ellas mismas pusieron orden y adquirieron su propio ritmo. Ahora ella sonríe. Sonríe siempre. Y, aunque su voz suena débil y cadente cuando habla con otros, se vuelve canto febril cuando lo hace conmigo.
Ana

domingo, 6 de febrero de 2022

La HoJa de AcaCia


Hacía tiemPo que ella no salía a pasear sola. Desde que se fue, todo se quedó un poco confuso en su mente cansada. Esa tarde llovía despacio, y no usó el paraguas para dejar que el agua se paseara por su rostro.

Miraba hacia el suelo intentando comprender cómo las gotas de lluvia se reunían en charcos, y vibraban brillantes al mismo compás.

Sentada en su banco, una hoja de acacia vino a posarse a sus pies. Era una pequeña hoja amarilla (casi ocre tal vez), lánguida y desgastada. Por un instante su atención se concentró en la figura que tenía a su lado, muy cerca de aquel aguazal.

La hoJa, pensó, habría tenido antes una vida diferente. Aquella hojuela elíptica y ámbar en otro tiempo debió lucir un azulado verdor. Quizás también hubiera disfrutado de una vida repleta, en la cumbre del árBol, formando brotes frescos cuajados de olor. En su juventud, incluso, estuviera al lado de flores blancas formando racimos de mágicas coPas. O tal vez vivió en sus ramas extendidas, dibujando en el aire torTuosas figuras.

Imaginó su vida altiva de lozanía, su elegancia natural cuando el aire la moviera; su gracil saludo a los pájaros que se posaban cerca de ella, para cantarle bellas canCiones de amor. Esbozó sus días radiantes, su poRte erguido, su fresco esplendor.
Y ahora estaba ahí, en el suelo, reposando tranquila y descansando en sus pies.

Tal vez un Viento inconsciente la arrancara de golpe de su holgado aposento, zaranDeándola por el aire, sin apenas pieDad.

O tal vez cayera soltando sus manos de aquel troNo elevado, que también tenía espinas, para sentir por sí misma lo que era volar.

¿Quién sabe?

Ella recogió esa hoja de acacia, la guardó con cuidado en su libro y la llevó a su casa azul.

Ahora ella y la hoja viven tranquilas, en aceptada aRmonía y estimulante quietud. A veces toma su hoja, saca sus pinceLes y la intenta pintar. Así, la espera se hace sencilla creando colores colmados de luz.

La hoja, agradecida, posa para ella, señala las letras en sus libros y le relata poemas. No siente nostalgia de tiempos pasados, y sonríe en silencio en ésta, su casa azulada, donde vive plácidamente muy cerca del mAr.


/AnA GaLinDo/ 

[Fotografías tomadas de Pinterest]


sábado, 9 de mayo de 2020

Diario de Confinamiento. Día 56 "Encontrar el Azul"

DÍA LVI: Paseando en azul.


Pasear sola resulta complicado si vas de la mano de la Imaginación. Hoy ella y yo hemos jugado a “Encontrar el Azul”

Cada cual iba captando un escenario, muestra de un recorte de vida, al que poníamos nombre. Lo que yo no veía, me lo mostraba la Imaginación. 

Así, hemos entablado un diálogo, al que se han acercado las flores, el agua y algún árbol, y luego hasta un fugaz minuto de descanso.

A través de alguna ventana ya vencida por la edad, hemos creído ver la Curiosidad y la Tristeza, que se asomaban para mirarnos. Parece que pueden convivir juntas, porque se han contagiado la una de la otra.

Y en lo alto de una ajada pared, dos cabras negras nos invitan, con sus ojos expectantes, a ser más Felices porque nosotras estábamos afuera y ellas adentro. Creo que tienen razón.

La Imaginación quiso confundirme un poco recordando otros Azules, más lejanos, y añorando la variedad de matices que aprendimos de ellos. Pero yo la animé persuadiéndola de que el confinamiento no nos mantiene aisladas, y que campamos a nuestras anchas, juntas, sujetando Historias con los pilares de tantos Recuerdos.


/Ana Galindo/

Renacimiento

Tres ventanas hermanas: la ciega, la libre y la que siempre se queda observando.

Fucsias y Violetas: Compartiendo el Azul.

El balcón abandonado de la Curiosidad y la Tristeza.
Yo dentro y tú fuera


Descanso junto al Verde.

Abrazando las nubes


/AnA GaLinDo/ 



[Imágenes Ana Galindo ]

miércoles, 6 de mayo de 2020

Diario de Confinamiento. Día 53. "Mi normalidad"



DÍA LIII:

Primera salida de paseo matinal en horario permitido.

Esta mañana he buscado la alternativa al miedo y a la tristeza, para darme un baño de luz entre rincones cercanos a los que nunca había prestado atención. A pesar de los años, valoro la suerte de vivir en Motril. Esta ciudad (mitad pueblo) me ha proporcionado lo que mi espíritu y carácter ha necesitado. 

Hay quien dice que quiere volver ya a normalidad, pero no a esta sino a la de antes, cómo si alguien poseyera la fórmula alquímica de la transfiguración. Yo también quiero volver a mi normalidad de antes. Ahora me hubiera despertado desayunando con mi hija y abrazando a Leo. Pronto estaríamos en la Comunión de Marcos. En junio, paseando por Lisboa, y en julio en la boda de nuestros queridos amigos. 

Pero ya ves, mi normalidad queda reducida a dar un paseo alrededor, intentando no coincidir, ademas, con apenas ninguna persona.

Disfruto, no obstante, de la dicha de este paseo y el escenario que me rodea y le pido al aire que sea generoso y solo transmita energía y vitalidad, que no virus.

Luego, ya de regreso, en casa encuentro la paz que necesito y un rincón para acallar los demonios que a veces me asaltan.

Yo también quiero volver a mi normalidad. A mi normalidad de antes. 

Qué extraña época nos ha tocado vivir: el cielo y el infierno conviven en nosotros en dramática complicidad, manteniendo un pulso para arrastrarnos a su espacio de destrucción o alivio.

/AnA GaLinDo/










/AnA GaLinDo/ 



[Imágenes Ana Galindo ]

sábado, 18 de abril de 2020

Señales de Lluvia /IV/



/IV/

Comenzamos a caminar uno al lado del otro. Estoy a la izquierda de Ada. Su altura no coincide con mi estatura. Ella es tan alta como mi hombro. Nuestras ropas se han secado juntas.

Ahora, casi a cada paso que damos, salen gorriones de sus nidos celebrando que la lluvia se ha tomado un descanso. Sin buscar el motivo, dirigimos nuestra atención sobre  ellos, y comienzan a ser el centro de nuestra conversación .

"¡Mira los pájaros, Tomás! Están muy contentos de que la lluvia haya parado". La mano de Ada se levantó tan alto como mis ojos, señalando a los gorriones.

"Sí, Ada. Están realmente felices de ver que el aire ya ha recogido la cortina de agua y pueden volar a su antojo", respondí de acuerdo con la declaración de ella.

No satisfecha con mi respuesta, Ada preguntó de nuevo. Ahora sus manos ya no apuntan a los pájaros.

"Entonces..., ¿ellos habrán amado alguna vez alguna vez  la lluvia como nosotros?"
Su vista, entonces, permaneció en blanco mirando hacia adelante. Me pregunto qué estará pensando.

"Probablemente tengas razón. Durante la estación seca, por ejemplo, deben echarla de menos. ¡Todos los que viven deben necesitar lluvia, Ada! Tal vez los pájaros se parezcan a la persona que aún estamos esperando, que solo necesitaron un momento de lluvia. Y cuando ya se termina, se alejarán los más posible y la odiarán".

"Cierto Tomás, tal vez simplemente solo es un querer pasajero, como para mirar poco tiempo, pero no la desean como nosotros. Es como el amor del río a los campos sinceros ".

Ada, asiente en silencio; parece estar de acuerdo conmigo.


"Bueno, casi hemos llegado hasta la oficina de correos. ¿Quieres enviarle una carta a alguien?" Le pregunté, mientras ella seguía observando ensimismada a los pájaros.

"Todos los fines de semana envío una carta al mar. Lo sé, otras personas piensan que estoy un poco loca porque envío cartas al mar. En ellas pido que me devuelva a alguien que realmente me amó"  La respuesta de Ada me sorprendió. Realmente es una mujer a la que no puedo adivinar, y eso me resulta desconcertante.

Sin darnos cuenta, hemos llegado a la intersección donde se encuentra la oficina de correos. En frente de la puerta de entrada hay un buzón bastante grande. El color es verde negruzco. Su altura es casi igual a la estatura de Ada y tiene cuatro agujeros rectangulares en cada lado. Ella aligera el paso señalándolo.

"Ten cuidado. El camino está húmedo y te puedes deslizar". La seguí, pero ignoraba mis palabras. Todavía corría sin temor a resbalarse, a pesar de los charcos y lo inaprensible del suelo.

Sacó un sobre preparado de su bolsa de terciopelo negro, y antes de ponerlo en uno de los agujeros rectangulares,  siniestros huecos de ojos, cerró el puño. Parece que comenzara a orar  para que el mar respondiera a todas las cartas que sigue enviando.
Me quedo detrás de ella, intentando descifrar cada uno de sus gestos, el dibujo que forma su boca, y el arco descendente que trazan sus ojos herméticos. Siento de cerca su súplica, y espero que termine de orar.  Deja caer el sobre blanco por el vacío de aquella oscura abertura.

"Ojalá el mar responda a mi carta a su manera. Tal vez no lo haga por escrito, pero estoy segura de que mis palabras caerán en sus aguas . Y quizás mediante la influencia de la lluvia, los cielos determinen acercar hasta mí  a aquel que realmente pudo amarme, y no se quedó,  dejando tan solo su paso  como casual aguacero ". Las palabras de Ada me calan hasta lo más hondo. Son verdaderamente estremecedoras.

¿Podría ser que la persona enviada por los cielos para amarla fuera yo?

Volvimos despacio a casa por el mismo camino que habíamos recorrido juntos. Ahora no hay pájaros deambulando. Un arco iris adorna el cielo de la ciudad. El naranja violáceo del anochecer cierra hoy un buen día,  en un mes cuyo pronóstico señalaba como tormentoso y torrencial.



/AnA GaLinDo/ abril 2020



lunes, 13 de abril de 2020

Señales de Lluvia /III/



/ III /

Mi sensación de rechazo por la lluvia parece estar desapareciendo gradualmente. Este constante aguacero me ha invitado a encontrarme con Ada, esta joven de lentes redondas y una dulce curva por sonrisa.   Sin darme cuenta, ya no pensaba en aquella Julia de antes, cuyo recuerdo me nublaba la vista hasta no contener las lágrimas . Tal vez la lluvia me encerró intencionalmente con Ada, arrastrándome a este pequeño café, cuando mi esperanza por Julia ya se había desvanecido.
Al menos, aquel hueco oscuro, con piedras envueltas de barro, comenzó a filtrar un espacio de luz. Esa sensación de dolor en el pecho se iba calmando con el roce de unas palabras que brotaban para despejar el abismo.

Estoy sorprendido, ha pasado una hora y media y la lluvia no ha parado. Tal vez esta tarde, el sol hubiera estado ardiendo y el mar se sintió ignorante apagando su fuerza para dejar que las nubes, cargadas de agua, se derramaran por aquella montaña que siempre llamaba la atención del viento y que tantas veces las echó a perder,

Volví a mirar a través de la  ventana, y al otro lado de la calle distinguí la figura de un hombre joven,  sentado en un banco del parque, donde me senté esperando a Julia. Ada no quitó los ojos, desde entonces, de aquella solitaria figura.


"Ada, pobre hombre. Está empapado bajo la lluvia", llamé para despertar a Ada de su abstracción.

"No, tal vez le gusta la lluvia. O tal vez está esperando a la persona que ama".

"¿Cómo podría alguien estar dispuesto a sentarse bajo la lluvia torrencial en un banco apenas cubierto?"  Pregunté, observando la respuesta en algún gesto de su mirada. Todavía no había encontrado el momento de hablarle de Julia. Solo quería mirarla.

"Es posible. Yo era como él.  Una vez me senté durante horas solo para esperar a una persona. 
Te lo dije antes, ¿verdad? Una vez me encantó la lluvia".

La respuesta realmente me sacudió.

Amo la lluvia en serio. Dispuesto a pasar un tiempo muy valioso esperando a alguien que susurra en silencio palabras de amor, confiando que se dé por vencido y decida llegar. 

 Creo que Ada es una gran mujer. ¿Todavía esperará que regrese con una de estas gotas de agua quién se marchó bajo aquel silencioso rocío?

"Hace tiempo que me rendí para seguir esperándolo", suspiró y le pedí que continuara.

"Parece que somos iguales. Creo que tú también confiabas en el momento de una llegada, pero es posible que su nube se evaporara con un golpe de brisa"  Sonrió.

" Resulta que ambos renunciamos a esperar, ¿puede ser?

"Así es, señorita ", me reí cerrando la conversación por un momento.

Coincidiendo con el final de mi risa, la lluvia afuera comenzó a disminuir, para segundos más tarde, parar de repente. A pesar de todo, me gustan las gotas de agua nuevamente sin que yo las espere.


"Tomás, parece que la lluvia afuera se ha detenido. ¿Me acompañarás a la oficina de correos? preguntó mientras se recogía el cabello que había comenzado a secarse.

"Hmm, sí. Tampoco estoy demasiado ocupado últimamente", respondí terminando la visita a esta casa de té.

Después de pagar la cuenta del té que bebimos, salimos de la taberna. Las personas que estaban en la tienda todavía siguen allí. Su risa parecía realmente divertida, describiendo una gran complicidad. Los envidio. Ha pasado mucho tiempo desde que yo reía así.



/AnA GaLinDo/ abril 2020


domingo, 29 de marzo de 2020

Señales de Lluvia /II/

Photo by Dr. Paul Wolff & Alfred Tritschler, 1950

/ II /

Cerca de la techumbre donde nos refugiamos hay una pequeña tienda de té que no está muy llena. Esto es normal porque en esta ciudad la casa de té se ha convertido en uno de los destinos para los amantes de la noche.

Quizás una infusión caliente nos pueda acompañar mientras esperamos que la lluvia se detenga.

-"¿Qué tal si vamos allí? Escuché que hay un nuevo tipo de té que se ha puesto de moda", mi volumen aumentó, no por querer insistir, es solo que el sonido de la lluvia es tan ruidoso. Luego, mi voz se encogió nuevamente.
-"Vayamos" la chica asintió.

La joven caminó frente a mí. La seguí por detrás. Su brillante cabello mojado se ve muy hermoso. La bolsa de terciopelo ahora estaba en su hombro izquierdo. Nuestros pasos suenan desacompasados en el chapoteo de los charcos, sorteando oquedades y buscando un camino más seco que no se inunde. 

Al momento estábamos frente a la entrada de la tienda. Los edificios circundantes eran dos veces más altos que la taberna.  Sin pensarlo, entramos y sonó una campana que indicaba la llegada de un cliente.

Dentro, solo hay unas pocas personas parecen parejas que intiman y disfrutan conversando. La expresión de sus caras implica gratitud por la lluvia. Tal vez debido a ella, podrían pasar un poco de tiempo con alguien que aman.

Pedimos dos vasos de té inglés tibio para simplemente calentar el cuerpo que estaba frío por el aguacero, mientras que por la ventana golpean unas ramas tras los ateridos cristales. Parece que el viento se ha unido a la danza, junto a las gotas de lluvia que caen simultáneamente. La joven sorbió lentamente. Sus manos, que temblaban de frío, ahora parecen calmadas y aparentan un color más rosado quizás por el calor (el líquido caliente ha debido penetrar en su torrente sanguíneo)

-"Oiga, ¿puedo saber su nombre, señor?" preguntó mientras inspeccionaba mi rostro mojado.
-"Oh sí, cómo no. Lo siento, olvidé presentarme. Solo llámame Tomás", respondí, ajustando mi asiento.
-"Mi nombre es Ada", dijo, tendiéndome la mano en señal de presentarse. Sus manos son pequeñas, y su piel resulta suave y cálida entre la mía.

Iniciamos un desordenado diálogo, mientras la lluvia afuera nunca toma descanso. Las nubes empeoran y el viento sopla aún más a ciegas.

Sin embargo, nosotros encontramos aquella cálida casa de té.

Después de un buen rato, nos quedamos sin asignaturas de las qué tratar. La joven volvió a quedarse en silencio y yo también. Nuevamente, la atmósfera se hizo extraña para los dos. Veo afuera, tras el vidrio de la ventana, que la lluvia está empeorando. El estruendoso rugido sacudió el cristal de la taberna. Tengo muchas ganas de volver a hablar con Ada y quizás la lluvia podría ser un recurrente motivo.


Después de un tiempo, en el que ambos perdíamos la mirada en  la carretera mojada, me aventuré a conectar la conversación.

-"Ahora recuerdo ¿dijiste que la lluvia era cruel? ¿Por qué es así?  La observé frente a la ventana  mientras mis ojos trataban de no separarse de los de ella.

-"La lluvia una vez me quitó a alguien. Hace unos años, un hombre me dijo que yo era como la lluvia que calma los ojos de cualquiera que los mire. 
Realmente me encantó la lluvia en ese momento. 
Pero después de un tiempo, se fue a alguna parte. Tal vez ha encontrado una lluvia más relajante para él que para mí. 
Después de eso,  ya no me gusta la lluvia ". 

Apartó la cara de la ventana y luego me miró. 

Se ve triste. Sus ojos vidriosos, ahora llenos de lágrimas, mostraban un gran anhelo por alguien.


/AnA GaLinDo/ marzo 2020






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miércoles, 9 de mayo de 2018

Cantos de Sirena. Cuento Infantil.



E
 




                       n el laberinto de flores, sentado en la orilla, una ola que llega y me acompaña al                              amanecer.


Paisajes desiertos, que pueblan las rocas y el sonido que entonan las caracolas. En la orilla, a lo lejos, una sirena habla con el mar.

El mar le dice: ¿Tienes estrellas para mí?


Y la sirena responde: "¡Todas aquellas que señales con tu dedo !



Cada gota de agua que yo te doy está cargada de luces y cánticos, que desprenden destellos a todos los habitantes del mar".

Desde entonces, las olas llevan canciones a los océanos de incertidumbres, iluminando sus dudas. Hay árboles mágicos, con algas que desprenden luces brillantes, y la sirena duerme siempre bajo su sombra.


/Ana Galindo/

domingo, 9 de noviembre de 2014