lunes, 25 de marzo de 2013

Por una MiraDa, un MunDo

Relato colaborativo 
por Ana Galindo y Francho Lafuente 

Ella, por más que la observaras, nunca sonreía. En realidad nadie sabía porqué, pero así era. En su mirada había un halo mustio de permanente amargura, un triste abandono que te encogía el interior. Sus ojos, en vez de reflejar los colores y las formas que paseaban delante suya, proyectaban una fragilidad austera que contagiaba a todas las cosas de una tenue frialdad, convirtiendo todo a su alrededor en permanente sombra. Entonces nadie le hablaba, porque todo el mundo pensaba que era muda, evitando su cercanía, e imaginando su hosca actitud. Así la percibían todos. Todo, menos yo.
Ana 
Armado de valor, intenté fijar de una vez por todas, su mirada esquiva. .. Aproveché el sonido de unas solitarias monedas en mi bolsillo para hacerle salir de su letargo ausente y giró su cabeza hacia mí. En ese momento, tras una carraspera interminable, esbocé un gesto de profunda bondad, iluminando el hueco que nos separaba con un tenue resplandor de confianza. Acompañé mi mueca con una mirada propia de un ángel, de la mano de una sonrisa sincera. Clavé mis ojos en el mismo centro de los suyos y los sujeté como un eclipse sujeta la luz del día. En ese momento el silencio habló por los poros del viento que arrastrábamos tras nuestros sonidos.
Francho 
Porque cuando se ama no existen las sombras, y uno ve de otra manera (e incluso más lejos de la mirada infinita)
Ana 
Me coloqué bien la chaqueta y, tras unos instantes de duda interminable, respiré profundamente y traspasé las fronteras del silencio que nos vigilaba con una voz profunda, firme y acogedora.
Francho 
Aquel día ella se dio cuenta de que yo existía, y sus pupilas comenzaron a devolver la luz que emitían las cosas. Fue en ese instante cuando encontraron su camino las palabras; las suyas y las mías. Al principio se confundían. Después, ellas mismas pusieron orden y adquirieron su propio ritmo. Ahora ella sonríe. Sonríe siempre. Y, aunque su voz suena débil y cadente cuando habla con otros, se vuelve canto febril cuando lo hace conmigo.
Ana

3 comentarios:

Bee Borjas dijo...

Este texto demuestra que cuando hay talento y sensibilidad,se logran resultados estupendos. Letras cargadas de sentimiento y una mirada de bella esperanza.
Gracias por hacerme sonreír, Ana!
Felicitaciones para tí y para Francho! Un abrazo cariñoso!
P/D: Me lo llevo como regalo de cumpleaños, vale? :)

Ana Galindo dijo...

Querida Bee.¡Estoy ahora tan ocupada! Pero tengo que dejar estas palabras para darte las gracias por estar siempre cerca, y para cantarte desde aquí un cálido "Cumpleaños felizzzz...!"

Besos grandes, amiga.

Taty Cascada dijo...

Tiempo que no te visitaba Ana. Por motivos personales me he alejado de los blogs, y de a poco voy regresando.
Me alegra observar que mis amigos blogueros continúan creciendo y escribiendo con tanto talento.
Un beso.