
Una mañana salió a comprar unas piedras azules para hacerle un collar. Pasó todo el día engarzándolas con esmero y, al caer la noche, durante su paseo por la playa, se lo colocó en el cuello.
—Estas piedras se iluminan con la luna, como tu alma —le susurró él al oído mientras se lo abrochaba delicadamente en la nuca.
Ella guardó silencio, sintiendo el cálido roce de los cristales azulados sobre su piel.
Pero todo aquello quedó atrás hacía mucho tiempo. El declive llegó despacio, como llegan siempre estas cosas: pasaron de la dicha que no necesitaba palabras a los silencios dolorosos tras disputas amargas. El tiempo transcurrió enmudecido mientras los veía alejarse, tan distantes como ya ausente era su amor.
En esos momentos lo quería más, porque él veneraba compartir su sosiego..
Aquella tarde ella añoraba las caminatas por la orilla al terminar la jornada. Extrañaba la compañía —que no su persona— y esa conexión que los mantenía unidos en el silencio.
Fue una noche de luna llena, de un brillo naranja intenso, cuando sintió la necesidad de colocarse el collar y caminar por el mar. A medida que avanzaba sentía más física su presencia. Tuvo que mirar a su alrededor para tomar conciencia de su absoluta soledad.
A medida que avanzaba, la presencia de él se hacía casi física. Su mente tuvo que recordar que él se encontraba ya a cientos de kilómetros, donde ni existía la playa, ni los pasos se hundían en la arena.. Tuvo que mirar a su alrededor para tomar conciencia de su absoluta soledad.
Entonces sonó el teléfono.
—No pensarás que esta vez te iba a dejar caminar sola por la orilla —dijo la voz al otro lado—. Yo también vi la luna y salí a pasear por calles desiertas, imaginando que seguía los surcos de tus pies en la arena.
/AnA GaLinDo/
Estancia: Instantes Contados
Ilustración SanDra FloOd

13 comentarios:
Bonito relato, muy tierno.
saludos cordiales,
besos.
Hermoso cuento, saludos grandes!!
Kosmisch
http://pensamientosenelahora.blogspot.com/
Precioso Ana, creo que los lectores también salimos a caminar por la playa. Y hay objetos que se vuelven transicionales,para paliar la ausencia. Claro que siempre un móvil es más útil. Un beso
Un relato encantador que demuestra tu talento e imaginación.
Te admiro.
Que hermoso collar de piedras azules has escrito, Ana.
La ilustración es deliciosa, y el azul del collar, es de esos que me dejan aturdida un buen rato.
Y gracias por el ENTONCES del párrafo final, cuanto se añoran estos entonces y que de mariposas revolotean dentro.
Beso
Felisa
Precioso relato amiga entre paseos de rubias arenas donde el tambien lo pudo intuir por muy lejos que estubiera el amor y el entendimiento eran mutuos....
Un sincero abrazo besos humildes
que tengas un feliz dia...
En la primera parte del relato describes muy bien cómo van evolucionando las relaciones, pero al final das un giro a la narración y propicias un desenlace distinto.
Buen relato.
Saludos
Que delicia.
Un soplo de magia para el corazón.
Besos.
Maravilloso relato Ana!Dulce, melancólico,...y ese final....de ensueño!!!
Besos suaves y tiernos.
bello amiga que hermosas letras linda historia tierna que toca el alma y el corazon
saludos
linda semana
abrazos
Ana, que hermoso texto donde el amor triunfa, lindo leerte y suspirar. Besos, cuidate.
qué hermoso cómo todo se resume en un deseo y en una coincidencia. Hermoso lugar tu blog.
Un relato precioso, he llevado ese collar colgado en mi cuello y he paseado por la arena de esa playa. El final es sorprendente y te saca de ese bello entorno que inicialmente creaste. Es suave y envolvente.
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